Viajes imaginarios

 

Estaciones

 

 

Estaciones-Antología Poética Contemporánea Vol. 1.

Gonzalo Penas, compilador

Ediciones La Parte Maldita

93 páginas. $35

por Natalia Gauna // @NatiCGauna

Dibujar paralelos es la clave de lectura de Estaciones,  la antología poética compilada por Gonzalo Penas y editada por La Parte Maldita. Amor/desamor, ausencia/soledad, olvido/perdón,  destrucción/belleza y  tantos otros binomios sobre los  que se construyen los poemas es, en principio, la lógica que justifica la selección de cada uno en pos conformar un corpus de sentido propio e integrador. Sin embargo, como en toda antología, el riesgo radica en su propia naturaliza heterogénea. La diversidad de imágenes e historias que posibilita Estaciones juega al límite con la bifurcación de sentidos difíciles de unir en un único concepto.

La re lectura  abandona la justificación basada en  relaciones duales. El estilo y expresión de algunos poetas no cierra en esta explicación  ya que rompen con lo que parecía una regla establecida. Daniela Goldín con Gota de agua dedica un poema al hastío que produce el sistema burocrático, el devenir de siglas institucionales construyen en conjunto una melodía de ritmo estridente que suena por familiaridad en la mente de quien lee. Jacqueline Golbert en Todo pensado rompe el verso y construye en prosa un relato sobre el amor, recurre a  versos inconexos que viajan en el tiempo para construir una bella y potente  imagen mental de una cabeza enamorada y desenamorada. Por último, Pablo Vázquez dedica a Marita Verón su poema Whiskería El Desafío y así, por primera vez, aparece el relato de denuncia, poético en su construcción y crudo en tanto apelación a lo real.

Estaciones es la conjunción de una serie de imágenes neuróticas sobre el transcurrir diario, “el miedo a soportar la soledad/ que no se hace llevadera en la sala de espera”, como dice Juan Ignacio Previgliano y los sinsabores que deja el amor “mientras te elimino de mi boca/ todo el dolor brilla en mí” en palabras de Analía Marchesano. Pero como las temáticas podrían continuar enumerándose cualquier encasillamiento forzado terminaría por destruir la diversidad de esta antología que Penas ya  advierte en su prólogo: “comencé una especie de juego que consistía en la formación de imágenes en mi mente que se disparaban a partir del poema que estaba leyendo”, un juego que invita en cada página un viaje narcótico por la imaginación.

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