Toda la carne al asador

Por Sebastián Leonangeli // sleonangeli@gmail.com

el peor de los desiertos
El peor de los desiertos, de Alejandro Pereyra.
Editorial Baltasara, 2012. 181 páginas. $60.

El libro comienza con una acertada cita de J.B. Pontalis: “Esa capacidad poco común, de transformar en terreno de juego el peor de los desiertos”. Pareciera ser que para Pereyra, el peor de los desiertos fuera el acto de la escritura, y a lo largo de los relatos que componen el libro se dispusiera a convertirlo en su terreno de juego.
Vamos a hablar claro: este libro pone toda la carne al asador. Nos son relatos que se corresponden a la taxonomía típica que tenemos del cuento tradicional, sino que se permite, por ejemplo, jugar con los adjetivos borgeanos, y tomar el ‘nadie lo vio desembarcar en la unánime noche’, para subjetivizar a Unánime y plantear en el cuento “La habitación de Lezama”, ‘Nadie vio a Unánime desembarcar en la noche’, o reinventar una parábola kafkiana, por ejemplo.
En el medio de tantas intertextualidades, recovecos narrativos y parafraseos, pareciera que el lector necesitara tomar aire y enfocarse en una tarea de carácter intelectual y elitista a la hora de tomar el libro, pero sucede que uno no puede hacer otra cosa sino verse atrapado en ese mundo lúdico, laberíntico y autocontenido en el que Pereyra hace transitar a sus personajes. En el libro se permiten convivir relatos de un párrafo (“Kafkiana”) o de una página (“Un carro”, “Final”), con cuentos más extensos como el críptico Winnicot, en el cual convierte al mítico psicoanalista en el paciente del personaje, un paciente un tanto extraño que encuentra en los tapices de su consultorio extrañas figuras del lejano oriente.
A pesar de lo disímil de los relatos, el libro se presenta como una unidad contundente, cosida no con el hilo conductor de los recursos y los yeites sino por un pacto implícito con el lector que se edifica a lo largo de las páginas. Con todo esto se forma un corpus extraño pero atrapante, en el cual caben las típicas preguntas del caso. ¿Dónde termina la literatura y comienza la metaliteratura? ¿Se puede escribir desde la idea literaria y que el lector sea interpelado? Evidentemente hay respuestas como hay críticos y hay lectores. Lo que sí es seguro es que hay un libro con relatos jugados que vale la pena leer.

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Categorías:Reseñas

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2 replies »

  1. ¡Qué bárbaro, se permite “jugar con los adjetivos borgeanos”! ¡Qué innovador! salgo corriendo a comprarlo (¿por qué no lo editó en “De mente”, que trae juegos?). Hacete hervir, Inodoro.

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