Reptar por el Purgatorio

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Decir que a una película le sobran minutos es usualmente un recurso torpe del crítico o, simplemente, una ausencia de recursos críticos. Pero si se trata de una trilogía dantesca sobre la posmodernidad filmada sin diálogos y en slow motion, el tiempo se convierte en un factor de análisis relevante. El crítico se permite preguntar: ¿Por qué el Cielo dura más que el Purgatorio? ¿Cuánto duran las sonrisas andróginas en el Infierno?¿En qué momento termina esto?

Con el título The Liminal Space Trilogy, un grupo de artistas rusos conocidos como AES+F (sigla compuesta por la primera letra del apellido de sus miembros) presentó durante mayo y junio en el Faena Arts Center de Puerto Madero la trilogía de videos realizados entre 2007 y 2011, que sólo había sido exhibida de manera completa en Moscú y Berlín. Compuesta por Last Riot (19’ 25”), The Feast of Trimalchio (69´ 20”) y Allegoría Sacra (39´ 39”), la obra recrea el Infierno, el Paraíso y el Purgatorio con la intención de iluminar las incongruencias de la modernidad y la paradoja de la convivencia entre la indiferencia y la devoción, lo real y lo virtual, la tradición y la ruptura.

Completar el tándem Infierno-Cielo-Purgatorio -a diferencia de La Divina Comedia, que comienza con Infierno y finaliza con Cielo- llevó cerca de cinco años de maratónicas filmaciones con más de 100 actores en escena -un logrado casting multiétnico- y un trabajo de posproducción muy grande con la intervención de más de 100.000 imágenes digitales, que luego se proyectarían en tres pantallas gigantes con las obras de Mozart, Beethoven, Chopin, Pavel Karmanov y Ryoji Ikeda como única textura sonora.

La curadora de la muestra, Sonia Becce, cuenta que conoció a AES+F en la Bienal de Venecia de 2007, cuando presentaron Last Riot. “El pabellón ruso siempre es halagado pero ese año, con Ilya Kabajov y AES+F, explotó. La verdad, me quedé sorprendidísima con la narrativa visual de Last Riot, sobre todo por la forma de combinar elementos del arte barroco con paisajes sacados de los videojuegos”, cuenta Becce. El Infierno muestra un mundo apocalíptico de paranoia mediática y radicalización religiosa a través de una sucesión de imágenes de un realismo exultante y efectista,  donde lo sobrenatural se filtra en lo cotidiano, como una pintura de Caravaggio. Adolescentes andróginos de miradas perdidas y sonrisas que se alargan inexplicablemente, hermosos hombres y mujeres de todos los colores se inclinan, se aproximan sin tocarse, ejercen violencia entre ellos sin consecuencias aparentes, confundiéndose los roles de víctima y victimario.

“La gente del Faena me preguntó qué tenía para presentarles. Cuando les presenté la Trilogía, les encantó. De hecho, les pedí que alfombraran el piso de mármol blanco para no quitarle luz a la imagen, y lo hicieron inmediatamente”, cuenta la curadora.

Cada parte de la Trilogía se proyecta en continuado. No hace falta verlas desde el principio, casi podría decirse que la historia no importa. Los personajes del Paraíso están empeñados en detener el paso del tiempo y llegan a una isla para dar comienzo a una fiesta prolongada de placeres edulcorados. Allí los espera un personal de servicio con los que intercambian roles y cumplen fantasías. El Paraíso es la celebración del fin de la ideología, y por ende, de la Historia (y de las historias).

El escenario más interesante de los tres siempre es el Purgatorio. ¿Será porque es el lugar donde todos estamos, un lugar de transición y espera, donde la moral aún entra en conflicto, donde el suicidio es posible? En el caso del Purgatorio que plantea AES+F no hay nada de eso, excepto la espera de las personas en un aeropuerto. Pero también es el lugar donde se vislumbra el germen de un dilema más profundo que subyace en la Trilogía y que le da cierre. Estoy hablando de la aparición de un bebé con cola de reptil, la prevalencia del “hombre-reptiliano” como el triunfo del cerebro primitivo, origen de los impulsos animales que nos sitúa en el puro presente. De esta manera, la Trilogía plantea dos visiones contrapuestas: la idea de un hombre nuevo y plural, que intercambia roles y está escindido de la racionalidad central de la Historia, y la prevalencia del hombre reptiliano, cada vez más desconectado de la “experiencia real”.

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