Los pantalones muertos

 

Kaspar Hauser 03

 

Por Florencia Blanca // florencia.blanca@yahoo.com

En una entrevista Herzog decía que Into the Abyss podría haber sido el título de cualquiera de sus películas. Abismal, profundo, peligroso. Adjetivos que pueden usarse para hablar de una de sus películas o de cualquiera de los paisajes que fueron capaces de pelearle el protagónico a Klaus Kinski. Pero sus personajes también son abismales. Individuos que se encuentran frente a situaciones límites accionando bajo condiciones que no pueden entender bien. Siguiendo el hilo de las palabras se puede pensar en algo enigmático, en un momento de oscuridad. La tierra de la oscuridad y el silencio, otra de Herzog: una vieja sorda y ciega.

 “¿No escuchas esos horribles ruidos alrededor que la gente habitualmente llama silencio?”. El enigma de Kaspar Hauser, el hombre que apareció de la nada en una plaza de Nuremberg. El título en alemán fue Cada uno para sí y Dios contra todos. Herzog lo escuchó en la película Macunaima de Pedro de Andrade una vez que ya tenía el guión y encontró que esa frase se hacía presente en su film constantemente “en el sentimiento de soledad, de haber sido olvidados por Dios e, incluso, de que Él es nuestro enemigo”. La cita también sería una definición para abismo. Si lo abismal implica cierta soledad, el cine para Herzog funciona como modo de comunicación con los otros y es un intento, abocado al fracaso, de otorgarle cierto sentido al mismo.

Kaspar Hauser 01

Ante su inminente muerte un pastor invita a Kaspar a decir sus últimas palabras. Le pregunta si hay algo que lo está molestando. Sí, hay algo, una historia. Una historia sobre una caravana… y el desierto. Pero sólo sabe el principio y allí comienza un relato. Ya no importa que tan bien cuente la historia, si sabe el final, si otros la contaron mejor o si es un sueño o una visión. Sólo importa el acto de contar. Y aquello que se cuenta y cómo, lo expresa completamente.

 “-¿Quieres decir algo Kaspar?

-Puedes expresar aquello dentro de ti…

-Sólo tengo vida. No hay nada más en mí.”

Para Herzog filmar es el acto de hacer visibles imágenes interiores (los alemanes no se olvidan del expresionismo). En ese caso contar sería hacer presente algo interior por medio de la palabra. El relato-visión de Kaspar rompe con la música, los motivos visuales, los colores y la nitidez, implica un cambio de registro que se opone a la mesura del resto del film. Busca dentro de la misma película un nuevo tipo de imágenes, más atractivas, desbordadas, hipnóticas. Herzog dice trabajar por un cine que presente el mundo de otra manera, «que pueda devolvernos intactos nuestros sueños, nuestros deseos», una verdad mayor, potenciada. En el documental Burden of Dreams, sobre el rodaje de Fitzcarraldo, afirma que no sólo son sus sueños sino también los nuestros. “La única diferencia entre ustedes y yo es que yo puedo articularlos. Y eso es de lo que se trata la poesía, o la pintura, o la literatura, o la cinematografía. Yo hago cine porque no he aprendido a hacer otra cosa. Hasta cierto grado, es todo lo que sé hacer. Y es mi obligación, porque esta es quizás la crónica interna de quienes somos, y somos nosotros quienes debemos articularla. Si no, seríamos como vacas en el campo”. Por pensar lo humano y su finalidad última es que quizás Deleuze, con esas frases que fuera de contexto suenan excesivas, lo nombró el más metafísico de los cineastas.

Into the abyss

Into the Abyss finalmente resultó ser un documental del 2011 sobre dos presos que fueron condenados por triple homicidio. Mientras uno recibió perpetua, el otro fue condenado a pena de muerte. El documental consta en su mayoría de entrevistas: a los reclusos, a familiares de las víctimas y victimarios y al personal del sistema penitenciario de Texas (pena de muerte suena a Texas). A tale of death, a tale of life es el subtítulo de la película y no hace más que insistir sobre cuestiones de las que Herzog intenta dar cuenta pero siempre a través de nuevas imágenes y distintos lugares.  Hay un hombre condenado a muerte que sonríe contando su historia. Sólo le queda el relato. El director le dice que no tiene porque agradarle, pero que lo respeta. Que lo respeta ante todo como ser humano. Y ahí no hay una necesidad de buena conciencia o un discurso bienpensante, ni se está interrogando sobre una cierta noción de mal. Sino que lo respeta en tanto existe y por lo tanto actúa. El peor error de los personajes de Herzog parece ser actuar ya que en ello chocan con el entorno, fracasan y se ponen de cara al abismo. Hay algo en su cine que pone a esos personajes más del lado de la grandeza que el medio que los contiene.

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