¿Qué serie y por qué?

kinopoisk.ru

Por Juan Terranova

Leo una lista: las cien series mejor escritas elegidas por los “guionistas de Hollywood”. El Colectivo resulta tan atractivo como difícil de imaginar. ¿Estamos hablando de los verdaderos responsables? Pero lo que encuentro me desconcierta. Es una verdadera ensalada rusa. Pegadas con la mayonesa de la TV vemos papas y zanahorias. Sit-coms, dibujos animados, comedias de la tarde, telenovelas, shows, los Soprano en el primer lugar, Seinfeld en el segundo, HBO, Fox, las que no pueden faltar, las que van a faltar siempre. ¿Por qué esta ensalada? Desde un punto de vista metodológico, aunque esté “bien escrito”, no todo lo que sale en televisión de forma semanal es “serie”. Habría que consultar a Tinianov, que es uno de los responsables de la popularización del concepto, o incluso a Bajtin. Como fuere, la idea de “serie” para mí remite hoy, en el siglo XXI, a lo que vino después de Lost, o fue su contemporáneo, y que, sobre todo, se descarga de forma digital. Ya hay mil variantes de ese consumo, de esa forma, de ese contenido. Pero que haya muchas variantes no implica una carencia de reglas, comportamientos, adopciones y rechazos. Para sondear este mecanismo narrativo, hecho con los restos calientes y tamizados del siglo XX, nosotros también hicimos nuestra encuesta. Le preguntamos a algunos escritores seleccionados con criterios no del todo claros –como suele suceder– qué serie recomendaban y por qué. Cuando pidieron más precisiones, les dijimos que recomendaran de forma instintiva. Las respuestas forman un mosaico imperfecto pero sugestivo del presente, del pasado y, como en Flashforward, también del futuro.

Dicho esto y presentada la encuesta, Martín Castagnet me pide que cite aquí la última escena del último episodio de Alf. ¿Por qué? Veamos. Alf se está volviendo a Melmac y la casa está vacía y en silencio. Todos se despiden y salen. La última en abrazarlo y desearle buen viaje es Kate, la madre de la gran familia americana. Cuando la ve venir, Alfa se sobresalta un poco. Conoce a Kate y teme la autoridad severa. Pero Kate es tierna y cariñosa. Todos, incluso ella que lo sufrió tanto, lo vamos a extrañar. Alf tiene en sus manos manos el obsequio de despedida. ¿Qué es? Un pedazo del techo en el que se estrelló hace cuatro años. Kate sale. Se escucha un bocinazo. Es tiempo de irse. La figura peluda del extraterrestre se recorta en la oscuridad de la entrada de la casa. Una hermosa e intensa aventura termina. Entonces Alf sopesa el pedazo de techo y dice, a mi entender, una de las mejores líneas de la historia de la televisión: “¡Cuatro años y me dan un palo!”. El paradigma de final cuestionado lo puso Lost. Los que saben dice que “no cierra”. Pero la verdad es que, siguiendo la decepción de Alf, lo que importa no es “el mensaje final”, el “recuerdo”, el “souvenir”, “el cierre”. Lo que importa es el camino, el recorrido, la expectativa de la descarga y mirar, la ansiedad por el nuevo capítulo. Lo que importa es la práctica, el uso, el consumo. Si al final de cuatro años a Alf le dan un palo, ¿por qué nosotros deberíamos pretender algo más?

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Categorías:Editorial, series

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