Series por escritores

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Hablamos de series. Leemos, vamos al cine, al teatro, a los museos, lavamos los platos, hacemos las compras, viajamos en subte. Pero también vemos series. Con mayor o menor frecuencia, en la tele o en la computadora, en su horario habitual de difusión, o por Internet, sin horarios prefijados, somos parte de este consumo cultural. Una práctica bastante común y extendida en esta época. Después debatimos qué es una serie y qué no. ¿Metemos a los dibujos animados? ¿Entra o no entra la sitcom? ¿Qué series miran los escritores argentinos contemporáneos, cuáles recomiendan y por qué? Entrevistamos a una serie de escritores que se reconocen influenciados por las series televisivas y buscamos repeticiones y diferencias en sus consumos. Una gran mayoría se confiesa seguidor de Mad Men y The Wire. Luego, en cantidad de espectadores, las siguen Breaking Bad, Los Sopranos y How I met your mother. En una tercera posición, con dos o tres menciones, se encuentran Bored to death, Lost, The Simpson, That 70’s Show, La ley y el orden y Friends. Por último, las series con apenas una mención conforman la lista más extensa, que incluye a las series: American Dad, Grey’s Anatomy, House of cards, Roma, The IT Crowd, Spartacus, Games of Thrones, The Big Bang Theory, Dead Wood, Six feet under, Twin Peaks, Black Mirror, Hell on Wheels, The Bridge, Banshee, y Justified, la serie favorita de Leonardo Oyola. Marina Gersberg confiesa no ver series, y Alejandra Zina se ubica en la lista de series francesas, mencionando a Les Revenants.// Leticia Martín

Valeria Tentoni

No tengo cable hace años, sí un televisor viejo que manotea del aire lo que puede, y solo consigue carroña. Está bien: están las series online. Pero me desalientan los servidores caídos, los captchas, las esperas, los cortes. Cuando cruzo esa barrera, de todos modos, mi entusiasmo no se sostiene demasiado. Seinfeld sigue siendo mi favorita: eso delata mi delay de consumo. Por qué; por esa junta implosiva de Bartlebys desencajados. Por los jeans horrendos de Jerry y por la vez que Kramer decidió vivir en la ducha o cuando a Elaine se le quedó el subte o no conseguía las esponjas anticonceptivas, por los papás de Costanza. Friends y That 70’s show fueron las últimas que miré en televisor, nada muy original. Series prolijas, digamos; previsibles y relativamente efectivas, sin sobresaltos. Acabo de googlear y la actriz que interpretaba a Laurie, la hermana hot de Eric Forman, murió hoy internada en un centro de rehabilitación. En fin. Intenté Weeds y estaba bien pero no para tanto. Miré el primer capítulo de Mad Men y no. Sí New Girl, esa serie naif y kindergarten en la que todos nos enamoramos de Zooey Deschanel: adelanté algunos capítulos hasta el gran beso en el pasillo con Nick porque alguien lo spoileó en tuiter y me quedé ahí, loopeando esos segundos. No sé cómo siguió. La única que más o menos atiendo ahora es The Big Bang Theory. Sheldon, básicamente. Raj es Fez. Es lo mismo. Siempre es lo mismo, pero funciona.

Gonzalo León

Me encantan las series, pero soy obsesivo así como con la música: escucho un CD o una lista de reproducción en YouTube hasta que me canso, especialmente cuando escribo, lo mismo me pasa con las series, aunque trato de no obsesionarme con ellas mientras escribo: La ley y el orden, en todo caso, me ha acompañado unos buenos años, parece que nunca me canso de ver los capítulos. O tal vez la miro porque creo que a este mundo le hace falta ley y orden. También me gustan That 70’s show, Los Simpsons, American Dad y, cuando las daban, Snoopy y Sankuokai. En general me gusta la épica en lo audiovisual. La otra vez llegué a la conclusión de que las películas que me marcaron en mi adolescencia, cuando iba al cine y gastaba dinero por ver una película, fueron Stars Wars, El cielo puede esperar y Rocky, y en todas ellas hay épica.

Hernán Vanoli

Las series me producen sensaciones ambiguas. Reconozco que The Wire y Mad Men, por mencionar dos que seguí de cerca, son relatos cercanos a la perfección en varios planos, del mismo modo que supe ser también adicto a ese culebrón yanki progresista llamado Grey’s Anatomy, donde los héroes incluso se permitían adoptar un negrito. Disfruté How I met your mother, y padecí los chistes estúpidos de Friends. Pero la banalidad de las sitcoms,  y la majestuosidad de las producciones de las series con presupuesto y ambición narrativa me producen rechazo. El lugar que generan para el espectador, por su parte, me parece singular y también ambivalente. Las series nos reclaman como expertos, y en ese sentido Los Simpsons son los grandes abuelos cascarrabias y vapuleados de todas las series. Toda serie tiende a constituir un nicho, como las variedades de la Coca Cola. Es como si las series fueran para nosotros lo que hace una décadas era Proust -por ejemplo- para los escritores, un monumento momificado que sólo puede producir cierto goce estético y cierto goce tanático por la imposibilidad de igualarlo, y nos imposibilitan a la vez de someterlas a un análisis ideológico por el peso mismo de los parámetros de calidad que proponen. En ese plano, y aunque me vienen taladrando la cabeza con Black Mirror, me voy a quedar con una serie que fue suspendida hace un tiempo. Se llamaba Bored to death, el protagonista era un joven neoyorkino wannabe escritor abandonado por la novia, que trabajaba para una insensata revista en papel cuyo director era Ted Danson, fumaba porro y se veía involucrado en casos ridículos que nunca terminaba de resolver. Era una serie de bajo presupuesto que fracasó y no puedo evitar identificarme con eso.

Patricio Erb

En primer lugar The Wire por muchas razones, pero si tengo que elegir aquí y ahora es porque está escrita por un ex policía y un ex periodista, dos profesiones en las que pasás a convertirse automáticamente en alguien más interesante cuando sos “ex”. Luego House of cards porque se encarga de decirte que lo que denominamos realpolitik es barro, mierda y esperanza, todo al mismo tiempo, acá y en cualquier país del mundo. Le hace pito catalán a los ingenuos que pregonan el honestismo como ideología. Finalmente recomiendo Breaking Bad porque, al margen de que es una historia entretenida, la violencia y la inteligencia se entrecruzan permanentemente hasta un punto que es indisoluble.

Carlos Godoy

Como consumidores de series nos preguntamos por qué gustan tanto. Qué es lo cautivante que tienen. Algunas respuestas aparecen ligadas a la perfección de la industria cinematográfica y televisiva. Al capitalismo invadiendo nuestras mentes. Pero en realidad las series americanas responden a un género culturalmente súper explotado en Estados Unidos: el cuento. Podemos ver temporadas en los cuentos de Henry James o en los de Salinger. El cuento norteamericano representa el entramado estético de una determinada época y las series son la representación más contemporánea. Por eso es que elijo a Lost como la serie de los últimos años que más se enfocó en capitalizar las percepciones estéticas de una época. Pueden ver en Lost todos los yeites y caprichos del cuento norteamericano expuestos como en una clase de literatura. También pueden ver en Lost las señales de la literatura que se escribe y se está por escribir.

Selva Almada

Hay muchas series policiales nuevas que me encantan, pero voy a recomendar a mi imbatible de los domingos: La ley y el orden UVE. Es del montón, ramplona, moralista, abunda en lugares comunes, pero sus maratones que arrancan el domingo a la tarde temprano y se prolongan hasta que el sol cayó y una ni se dio cuenta, son el mejor bajativo de los tallarines con estofado o el asadito del almuerzo. De golpe, sin que te dés cuenta, el domingo se evaporó atrás de las persianas cerradas y te quedaste toda la tarde-noche en compañía de Benson y Stabler. Al fin y al cabo tu vida no es tan miserable como la de los agentes y después de todo, con todo eso que pasa en la serie cuando andás por ahí, si sos mujer mejor quedate adentro.

Mariano Canal

Elijo dos, The Wire y Mad Men. The Wire: un manifiesto de amor no correspondido a una ciudad fallida, Baltimore; un fresco social del derrumbe de las instituciones públicas, la escuela, la policía, los sindicatos, la política, el periodismo; un largo relato sobre la violencia, la fragilidad y la impotencia de las intenciones individuales pero también una historia moral sobre la pertenencia a un lugar, la amistad y la voluntad de hacer lo correcto aunque se sepa de antemano destinado al fracaso. Mad Men: una historia sobre el momento en que Estados Unidos (y Occidente, en general) se volvió loco y perdió la inocencia; un retrato de personajes en caída libre, luchando por descubrir quiénes son, qué quieren de sus vidas, de qué se trata ese mundo extraño que ayudaron a construir y del que no pueden salir. Las dos tienen guiones y actuaciones brillantes y nos muestran mundos ajenos pero que también son el nuestro.

Francisco (Gogui) Marzioni

Recomiendo tres. Roma (HBO). Es una ficción histórica perfecta ambientada en el lugar y período de la historia occidental más fascinante. Exhibe cómo la política representativa, el ejército y la mafia se constituyeron en su forma más acabada al mismo tiempo y en el mismo espacio, con los mismos protagonistas, por lo cual se demuestra que, en definitiva, son la misma cosa, o distintas caras de la misma cosa. Los protagonistas componen un ahermosa historia de amistad masculina como pocas veces se vio en la televisión. Los Soprano (HBO). Muestra una forma de ver la mafia más cerca de nuestro tiempo y nuestro lugar, una mafia que se cuela en las grietas del sistema legal. Trabaja sobre una premisa de Don Corleone que no es profundizada en el Padrino, aquella que dice que la mafia es un Estado que llega donde el gobierno no puede llegar, que incluye a los excluídos y protege a los desprotegidos. Tony Soprano podría ser el padre de muchos de los televidentes. The IT Crowd. Una divertidísima comedia inglesa sobre dos nerds que no se enorgullecen de serlo. A diferencia de Big Bang Theory, los protagonistas no son cool y les pasan cosas estúpidas y hasta horribles como consecuencia de su inevitable capacidad de ser diferentes y auto-excluirse. Un humor absurdo que felizmente se aleja del formato sitcom y de todo intento por sonar realista. Aunque hay muchos chistes de computadoras, todos se entienden bastante bien. Capítulo recomendado: “Fútbol quotes”.

Diego Vecino

La mejor serie de todos los tiempos es The Wire, porque funciona en todos los niveles. Es una buena historia, es extremadamente verosímil y cada personaje ocupa una posición específica en un sistema de poder trascendental y complejo. Algunas tensiones que la habitan son las que se dan entre la legalidad y el heroísmo, la tradición y la modernidad, la razón y la verdad. Por eso también se puede ver como una intensa y sugestiva reflexión sobre el espíritu del capitalismo. Algo de eso me pareció encontrar en Mad Men, que fue la primera serie que me enganchó de verdad. Lamentablemente, me da la sensación de que con el correr de las temporadas diluyeron la épica corporativa en los pliegues y complejidades de la personalidad torturada de Donald Draper, que sólo funciona cuando es un epifenómeno de los movimientos serpenteantes del marketing en su camino hacia convertirse en la gran escuela crítica de la modernidad. Otra que me gusta y que comparte con The Wire al gran Michael Williams en el papel de entrepreneur es Boardwalk Empire, una delicada serie de mafiosos en los años 20 que tiene menos tiros que gestión del Estado y que por eso es muy buena.

Facundo (El Faco) Falduto

How I Met Your Mother (CBS). Si la trilogía The Sopranos – The Wire – Mad Men reinventó el drama televisivo para el principio del siglo XXI, How I Met Your Mother actualizó el género sitcom a la era actual. Presenta la estructura clásica de capítulos de 22 minutos con introducción, nudo y desenlace, pero también hay episodios que rompen el esquema narrativo con flashbacks y tramas entrecruzadas. La historia en sí misma es un largo racconto más o menos cronológico de Ted Mosby a sus hijos sobre su vida, sus amigos, y el cuento interminable de cómo conoció a su esposa, la madre del título. Pueden verse los capítulos sueltos, pero su trama a largo plazo narra un síntoma de época: los personajes hacen todo lo que hacen para tener anécdotas e historias para contar en medio de la frenética búsqueda del amor en Nueva York. Más cerca de la cínica Seinfeld que de la romanticona Friends, la tira es ágil e inteligente, sin por eso dejar de ser pasatista. La dosis justa de buen diálogo, humor funcional y grandes guiones. La receta perfecta de la sitcom de nuestros días.

Marina Gersberg

No miro series.

Nicolás Mavrakis

Spartacus. Hegel, sexo, violencia y la historia de la insatisfacción ante las reglas del dinero. Cuatro temporadas que sobrevivieron más allá de la muerte del primer protagonista, viajó en el tiempo para aguantarlo durante su enfermedad y lo lloró cuando murió. Las escenas de lucha, los diálogos y la estética de una antigüedad sin idealizaciones es excelente.

Alejandro Soifer

Game of Thrones porque logró el milagro de hacer de un género marginal y poco valorado como el fantasy un producto cool y de consumo masivo de no iniciados en los vericuetos del género, casi como lo logró El señor de los anillos pero con mucha menos inocencia y buenas intenciones.  Además, su trama está bien enhebrada y se logra el difícil objetivo de traducir unos libros enormes y con múltiples puntos de vista en una serie de calidad. Sin contar con que la historia es muy buena. Breaking Bad porque pese a algunas incoherencias narrativas (más que nada en las cronologías: empieza la serie y Walter está cumpliendo 50 años, su mujer acaba de quedar embarazada y da a luz en la segunda temporada y luego al comienzo de la quinta temporada Walter está cumpliendo 51 años) es una serie que logra tensar al máximo los resortes narrativos generando memorables cliffhangers, muchas veces autoconclusivos en un mismo episodio, con lo cual no abusa del espectador. También tiene una muy buena historia y actuaciones memorables, con personajes políticamente incorrectos pero que generan empatía instantánea en el espectador: el gordo policía corrupto pero bueno de la DEA y por supuesto, el profesor de química de secundaria que se transforma en un capo della mafia sureña. En ese sentido también me resulta un acierto que la serie trate sobre las mafias del sur, las que están cerca de México porque toca de modo que antes no se había visto mucho el tema de la nueva mafia pesada mexicana.

Martín Kohan

Columbo, El santo, Misión imposible, Dos tipos audaces y Starsky y Hutch. Las recomiendo como galería de astucias y heroísmos, después de esas no vi ninguna más.

Alejandra Zina

La pasé muy bien mirando Les Revenants, una miniserie francesa que un poco mentirosamente presentan como una historia de muertos vivos. El escenario es un pueblo montañés, al borde de una represa y un lago. Ahora veo en el agua un sentido terrorífico. Creo que es una fábula sobre la vida y la muerte, con una premisa parecida a la de Cementerio de animales: de las cosas que somos capaces en momentos de enorme fragilidad y también una advertencia sobre la resurrección.

Sebastián Robles

Hay muchas series que me gustan, pero cuando me preguntan siempre recomiendo Six Feet Under. Supongo que es porque en realidad no la veo como una serie, sino como una experiencia. Vista desde afuera, similar a la que provoca cualquier serie muy adictiva: los días encerrado viendo capítulos y más capítulos, la ansiedad por saber cómo continúa la temporada siguiente. Six Feet Under cuenta la historia de una familia que tiene una funeraria, en particular de los tres hermanos que se hacen cargo de ella, después de la muerte del padre. El tono, sin embargo, no es oscuro. Tiene la liviandad de una comedia y el espesor de un melodrama. Pero hay algo más. Porque el tema de Six Feet Under es la muerte, y todas las historias giran más o menos en torno a ella. Cuando los personajes crecen o evolucionan, se enamoran, se enferman, aprenden, se equivocan, lo hacen con ese horizonte. Nadie se escapa. Ver Six Feet Under es como ver la propia vida desde una cierta distancia. Las personas, incluso las más importantes, pasan. Nosotros pasamos. Pero la serie misma se termina y seguimos ahí, clavados en frente del televisor.

Luciano Lamberti

Recomiendo las clásicas como Los Sopranos o Twin Peaks, ninguna ha sido superada todavía, y también las hijas de esas, The Wire  (se le acerca bastante a Los Sopranos en su pintura de digamos La Comedia Humana, lo más parecido a una novela de Tolstoi que ví en mi vida), Breaking Bad (porque a diferencia de la otra es divertida y ridícula en su artificiosidad). También una nueva, cuyo tema son los medios y las redes sociales: Black Mirror, inglesa, con cierto toque de ciencia ficción. Hay una que miro a escondidas con verguenza: How I met your mother, problemas de treintañeros en clave cómica, legen… dary. Por último, alguna de Rod Serling, como La dimensión desconocida o Galería Nocturna, viejas series con un ritmo viejo pero que valen la pena ver.

Federico Falco

No veo muchas series. Y en general no veo series que impliquen continuidad, así que no sé cuánta autoridad tengo como para poder recomendar algo en la materia. Pero seguí a muerte las tres temporadas de Louie.  Y la recomiendo fervorosamente. La primer temporada es “interesante” y disfrutable, pero no genial. Hay que tenerle un poco de paciencia y disculpar ciertas arbitrariedades que más que propuestas originales parecen ostentación de la libertad para escribir, dirigir y actuar sin el más mínimo control ni sugerencia que Louie CK le ganó a FX, el canal que pone la plata. En la segunda y la tercera temporada son obras maestras. Louie CK construye -y escribe-  influenciado por el primer Woody Allen, pero también es evidente que leyó a Salinger, Cheever, Updike  y a los buenos cuentistas norteamericanos. Sí, es claramente una serie con influencias literarias. De hecho, la estructura de algunos episodios podría ser la estructura de cuentos perfectos, extraordinarios. En la tercera temporada, con la seguidilla de episodios finales con David Lynch interpretando a un personaje tan bizarro que sólo puede ser un homenaje a David Lynch, la serie alcanza sus puntos más altos: son profundos, complejos, en simultáneo llenos de humanidad y cinismo. Preparan la cuarta para mayo de 2014.

Diego Fernandez Pais

Recomiendo Bored to Death, una sitcom estadounidense escrita por Jonatham Ames que duró tres temporadas y se transmitió por HBO. La serie está protagonizada por Jason Schwartzman, encarnando a la versión ficticia del mismo Jonatham Ames: un escritor judío neoyorquino que, como está bloqueado y no puede escribir su segunda novela, empieza a ofrecer sus servicios de detective privado a través de la web. Y la recomiendo por cuatro cosas: 1) porque no hay experiencia más propia de un escritor que la de no poder o no querer escribir, 2) por el permanente humo de marihuana que envuelve la escena y también, poco a poco, la vida del personaje hasta empujarla a su novia a abandonarlo, 3) porque Ted Danson y Zach Galifianakis me parecen dos actores muy divertidos y 4) porque es un homenaje en clave de parodia a toda esa fantástica tradición literaria del policial negro que va desde Raymond Chandler hasta Charles Bukowski.

Cristino Bogado

Utopía es una miniserie creada y escrita por Dennis Kelly. Pertenece al género de suspense conspirativo británico. Es emitida en Channel 4 y fue estrenada el 15 de enero de 2013. Utopía, serie inglesa que empecé a ver vía Cuevana cuando la primera temporada ce finit ya. Me gusta el uso desaforado de la angst, casi como telón de fondo o lanscape fijo, o aun como humus sobre el cual construyen sus peripecias o dibujan sus desplazamientos sus personajes despavoridos…Esa angst, llamada a veces thriller, o suspense, etc., uno la evoca o siente muy polanskiana, si nos centramos en El Babé de Rosemary, por ej., tenemos su quintaesencia: todo el tiempo están huyendo, el enemigo es concreto y cercano como la sombra…(stop…no estoy adelantando nada) o la propia sangre…La serie inglesa, producida y emitida por canal 4, con éxito relativo en España, aún no cruzó el charco…Maneja los tema actuales, posmodernos: paranoia, fuga sin fin, un indeterminado fin del mundo, virus mortales, fobias a cosas cotidianas, diálogos saturados de conocimientos basura o patrimonio más de leyenda urbana mixturados a teorías científicas inn, velocidad –esa forma de la nada- y violencia…Y un cómic que guía los actos y escenas de los personajes, como un mapa y guión de sus hazañas. Como el veneno y, a la vez, panacea de sus apuros. Jessica Hyde: una mujer hermosa experta en el uso de todo tipo de pistolas porque huye desde niña; Wilson: el geek hacktivista que desconfía de todo y en primer lugar del ciberespacio; Grant Leetham, un niño simulando tener 24 años en un foro conspiranoico; Becky: una enferma terminal que quiere salvarse a toda costa, etc. El vértigo no pertenece a la realidad ciertamente más bien es extrapolada del clinamen de los bits en su caída interminable dentro la net…Recomendable para debates sin fin, en canales argentinos sobre todo, el episodio de la masacre perpetrada en una escuela por Arby, el perseguidor medio zombie medio dope de esta pandilla en fuga… Después de apurar sus 6 episodios, bittersweet, no se puede seguir cargando la vida aburrida de siempre, por lo menos, podríamos a empezar a tejer sospechas sobre nuestro vecino vago o sobre el limpiador de veredas de todos los días, que están por castrar al barrio, mutilar a la ciudad toda, esterilizar al mundo, uyyyyyyy, Waiting for the second season!

Marina Mariasch

No veo series, principalmente porque no tengo tiempo, siempre me parece que hay algo mejor para hacer. Aunque me encantaría verlas, hablaría mejor de mí. Una vez vi como cuatro capítulos de Lost porque conocí a un chico que me gustaba que la veía, y para poder participar de las conversaciones en los asados. Pero no aguanté. También, algún día de resaca o gripe vi Homeland y Mad Men. Ahora estuve mirando esta: http://littlehorribles.com/episosodes, principalmente porque los capítulos duran menos de 5 minutos y está bastante buena. Hay personas horribles. Como nosotros.

Natalia Mardero

Cuando miro una serie no necesariamente lo hago a través de una severa lupa con enfoque de género. Pero lo cierto es que la tele está poblada de personajes creados por plumas masculinas. Ante este escenario monótono y unidireccional, surgieron dos excepciones refrescantes con las que me identifiqué plenamente. Una es Girls, la multi aclamada genialidad de Lena Dunham que transgrede sin esfuerzo todo lo que se supone una chica debe ser, y la otra es New Girl, más liviana pero no menos adorable, con la hilarante Zooey Deschanel y un reparto que cualquiera quisiera tener en su apartamento. Dos series que con la palabra “girl” en el nombre, pero juro que es casualidad. También me gusta Mad Men.

Leo Oyola

Siento un gran placer con las series que revisan el far west corte Deadwood o Hell on wheels. Tienen muy buena producción, se destaca la reconstrucción de época y la fotografía; pero sobre todo las actuaciones. También me interesa ver el traspaso de esos códigos a la actualidad. Más allá del escenario. La versión norteamericana de The bridge, por ejemplo, transpira la camisa Bronco como el Sin lugar para los débiles filmado por los Hermanos Coen y craneado antes por Cormac McCarthy. Banshee es el desembarco a la tele y la resurrección del Patrick Swayze de El duro. Casi-casi como el holograma de 2Pac. Mientras que Justified; que es mi favorita, se da el lujo de citar películas como Tiburón, Mujer Bonita o Misery, dibujos animados que van desde Tiro Loco McGraw a El laboratorio de Dexter y hasta un video de Bon Jovi sin que hagan para nada ruido en la boca de sus protagonistas. Finalizando la cuarta temporada le hacen un homenaje increíble a un clásico de clásicos del género como lo es “La diligencia” de John Ford. El Marshall Raylan Givens interpretado por Timothy Olyphant empilcha tal cual lo describe Elmore Leonard en “Pronto”; la única que leí de las tres novelas en las que aparece este personaje que es secundario en estos libros y que logró ser el principal en la pantalla chica.

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