“Escribir es terminar con la belleza de uno”

Todo hace ruido, Jimena Arnolfi

Editorial Pánico el Pánico

58 páginas

$30

Por Leticia Martin // @leticiamartin

Hace rato que no leo una poesía que me guste tanto. ¿Qué es lo que hace diferente a este libro? ¿Es acaso el estúpido narcisismo de encontrarme observando detalles similares? ¿Es el tono coloquial de Arnolfi, la simpleza que yo misma no logro traducir? ¿Es el deseo de acercarme a una poética como la suya? Por lo pronto -y a mucha honra- no me gusta este libro porque sea el primero, ni porque alguien me lo haya regalado, ni porque Arnolfi es una escritora hermosa. Pienso unos cuantos días en su poesía. Voy a votar el domingo con el libro en el morral, releo fragmentos al azar, le saco fotos a algunos versos y los posteo más tarde en las redes sociales. Todo una gilada. Me llama la atención la sonoridad de algunos versos. La sonoridad y el recuerdo. Luego de unas horas me vuelve la imagen de las plantas bebiendo a libre demanda el agua de su plato. Por eso, antes de sentarme a escribir, ando unos días más con el libro encima, de acá para allá, me lo llevo a la bici, lo arrastro al trabajo como me arrastro yo, lo leo en casa, en el sofá, lo exhibo algunas noches por el CEC. También lo dejo en reposo sobre mi mesa de luz, siempre abrazado al lápiz con el que hago marcas, lo arruino, me lo apropio.

Estoy bastante enamorada de este libro. Y no es que me pase a menudo enamorarme, digo, de poetas jóvenes y bellas, tanto al menos, o en la misma medida como me pasa mentir. ¿Por qué entonces me gusta Todo hace ruido de este modo distinto y exagerado?

En primer lugar, entiendo, me resulta un libro “parejo”. Puede que algún lector desprevenido piense que ésta es una virtud nimia, tal vez banal. Gran error. No hay tantos poetas “parejos” como suele imaginarse, o que hagan música con sus palabras, como hace Arnolfi, o que observen a su modo la “realidad”, o que uno pueda leer salteadamente encontrando siempre algo nuevo y luminoso.

todo lo importante se hace con los ojos cerrados.

escribir es terminar con la belleza de uno.

empiezo a leer los poemas / como quien desarma un juguete / para ver qué tiene adentro.

La poesía es juego en la escritura de Arnolfi. Es poder mirar y divertirse. Jimena sabe de eso porque se ríe de sí misma, por ejemplo cuando observa el ritmo lento de la miel al caer, o cuando se encuentra sola, en su casa, tratando de no hacer ruido mientras llena la cubetera para no despertar a nadie.

Pero además su poesía es narrativa, desprovista de rima, sencilla y asexuada.

Uno puede leer a Levrero en el cuidado extremo de no romper la magia de una equis situación. Es verdad, Arnolfi no observa palomas; si quieren -entonces- no es una poeta levreriana. Pero ¿no es acaso lo mismo un colibrí?

Antes de mostrarme la casa / la dueña del lugar señala el nido / sobre el farol que da al porche: “No prendas esa luz, ahí vive un colibrí” / Sé que entablaré amistad / con el pájaro adicto a la electricidad.

Arnolfi escucha el ruido de las cosas, no lo produce. Sabe mirar y escuchar para después componer el entramado de sus breves narraciones en verso. Pero además sabe elegir muy bien lo que observa. Mira la proveeduría, en lugar del almacén, camina las mismas cuadras que cualquiera, pero viendo otras veredas.

Todo hace ruido no enmudece nunca. Cada página, a su modo, suena en el acorde correcto. Nada desentona o desafina, nada es pretencioso o sofisticado. Arnolfi engarza ideas sencillas, enhebra asociando con libertad y nunca busca el efecto o la provocación.

En eso se vuelve interesante. En eso y en que se anima a mirar con su mirada. Parece una estupidez, pero es una gran decisión, sobre todo en la melaza de voces e influencias de esta época digital y democrática.

Quisiera extenderme en mis “por qués”. Podría decir mucho más sobre esta poesía. Podría agregarle tanto más a esta reseña que la dejaría todavía más empalagosa de lo que es. Reseñar Todo hace ruido sería, de alguna manera, transcribir el libro entero, porque es una poesía que no decae, que no se empantana. Porque es una poesía sencillamente “pareja”.

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Categorías:Reseñas

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