Proclamar, expresar, revelar

Festival Manifiestos

Por Ana Vicini // anavicini@hotmail.com

festivalmanif

Sábado, cuatro de la tarde. En la puerta del Centro cultural Ricardo Rojas la secuencia puede ser confusa para cualquiera que pase por allí desprevenido. Tres unidades de traslado del Servicio Penitenciario Federal, varios policías- con chaleco antibalas incluido- y un grupo de no menos de treinta personas copan la vereda de la calle Corrientes al 2000.

Adentro se lleva a cabo el Festival Manifiestos, organizado por la Procuración penitenciaria de la Nación como parte de los festejos por los veinte años de su creación. La institución, que funciona en el ámbito del Poder Legislativo Nacional tiene como misión fundamental proteger los derechos humanos de los internos de las cárceles federales.

En el hall y en la sala B se agolpan unos pocos policías más y una gran cantidad de público que hace cola para ver la muestra La cabeza contra el muro, de la fotógrafa Nora Lezano, que rescata los perfiles de presos con condenas superiores a diez años y No somos de acá, video instalación que cuenta las historias de Teresa, Olga, Silvia, Ludmila y Concepción, cinco mujeres alojadas en La casita de pre-egreso del Penal de Ezeiza, allí, con un régimen más abierto que el de los pabellones comunes viven un paso intermedio antes de su libertad. Ellas mismas son las que organizan, acomodan y conversan con cada una de las personas que esperan para ver sus historias. Se las nota contentas, entusiasmadas. Teresa pide el micrófono, no le alcanza la charla personal, quiere hablarle a todos. Pregunta si están cómodos, qué les pareció lo que vieron, se lamenta porque el lugar quedó chico y hace prometer a la organización que habrá otros encuentros. Quiere que sepan quién es, que hace catorce años que está presa, que cuando entró decidió que saldría de allí mejor, por eso se propuso terminar el secundario que había abandonado y seguir una carrera universitaria. Antes, tuvo que volver a hacer la primaria porque la falta de medios y recursos económicos no le permitieron conseguir el certificado analítico para comprobar que lo tenía aprobado. Arrancó de nuevo y hoy está por alcanzar su título universitario.

Alrededor de las cinco de la tarde algunas chicas reparten ejemplares de Soy mi nombre, el libro que pocos minutos después presentarán la escritora Selva Almada y la coordinadora general de festival, Natalia Fernández Acquier. El libro es el resultado del taller que la autora y el cineasta y dramaturgo Santiago Loza realizaron entre marzo y octubre con un grupo de chicas travestis del pabellón de homosexuales y trans de la cárcel de Ezeiza. Según Almada: “La idea del taller fue muy sencilla: generar un espacio donde pudieran escribir y conectarse con zonas luminosas de su vida, de sus deseos, de su pasado, de lo que esperan cuando salgan de la cárcel; sacarlas del relato carcelario. El objetivo del libro estuvo presente desde que nos convocaron, la publicación iba a ser el trabajo final del taller. Hubo varias ideas en el medio, pero finalmente cuando nos encontramos con todo el material y lo leímos de corrido, con Santiago decidimos que el libro sería tal y como salió: casi sin intervenciones nuestras, sin una corrección literaria de los textos, queríamos que la gente los pudiera leer con la espontaneidad y la urgencia con que fueron escritos, sin una pretensión literaria, desde un lugar de juego, disfrute y conexión con la intimidad de cada una.”

libro

El libro está integrado por relatos de Aby, Alejandra, Fernanda, Chocolate, Gaviota, Johana y Felíx, la pareja de una de ellas. La idea era que estuvieran presentes para leer sus textos, pero los jueces que entienden en la ejecución de sus condenas les denegaron el permiso. Sobre el final, muchos de ellos fueron leídos por el público. Lo mismo ocurrió con el cantante de Xtate bien, la banda formada por internos del Penal de Devoto, que en el cierre del festival presentaron su primer compacto, Sin cadenas en la mente.

Fueron sus compañeros quienes se encargaron desde el escenario y también con sus letras, de dejar en claro que se trató de una decisión arbitraria, un porque si de los tantos a los que deben enfrentarse dentro del sistema carcelario y que, junto con los traslados, operan como sanciones encubiertas que ponen en evidencia el entretejido de abusos, poder, injusticias y violencia que opera en las cárceles, y del que sólo tenemos registro cuando ya es tarde y la dimensión parece adecuada para conseguir repercusión en los medios –un motín sangriento o una fuga espectacular, por ejemplo- y así, generar un debate social mínimo e inmediato que es insuficiente para dar respuestas o imaginar alternativas válidas a un sistema y a una política criminal estructuralmente en crisis. Después, nada. Todo sigue igual, pero puertas adentro. La cárcel sigue siendo eso de lo que nadie habla, nadie quiere ver, nadie quiere hacerse cargo. De ahí, que proclamar, expresar, revelar sea tan necesario como urgente.

 

 

Anuncios

1 reply »

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s