“Los escritores son criaturas sensibles. Los críticos en cambio son alimañas crueles y curtidas”

¿Cuál es el estado de la crítica literaria actual? ¿En qué medios pueden leerse reseñas que superen el simple comentario friendly? ¿Quiénes las están escribiendo? Maximiliano Crespi es el primero de una serie de entrevistados que respondieron un cuestionario modelo que permite armar un mapa de la joven crítica actual, sus principales protagonistas y su relación con la academia y el mercado. Crespi nació en Oriente (Provincia de Buenos Aires) en 1976. Es doctor en Letras, editor de 17 grises y colaborador de Ñ.

Por Virginia Ruano

maxi crespi 

Así como se construyen conceptos como la NNA y la nueva NNA para clasificar a jóvenes escritores (o en verdad, diez años después no ya tan jóvenes), ¿pensás que tienen un correlato en una nueva crítica argentina? ¿Acaso existe algo así como una NCA? Si fuera así, ¿quiénes la conformarían?; ¿qué críticos te gustan?; ¿por qué?

Lo que menos importa es la frivolidad de las designaciones. La nueva literatura no depende ni de los escritores ni de los editores ni de los promotores culturales, que son los que imprimen y reimprimen esas etiquetas. Si hay una nueva literatura será porque hay una nueva manera de leer. No por otra cosa. Eso supone, por supuesto, articular un nuevo dispositivo de lectura para los textos emergentes del presente, pero también para encarar una revisión transformadora de los textos de la tradición. Ese dispositivo crítico no está establecido. Está aún en ciernes. Se ensayan categorías al uso, pero todavía muy tímidamente. Los nombres llegarán con el dispositivo; hacer futurología no tiene mucho sentido. Pensar a través de gustos, menos. Lo que sí se puede afirmar es la crisis de los modelos de lectura vigentes: el posautonomista (que implícitamente justifica el sapo de la autonomía tragado en los 70), el etnografista (que supone un desprecio modernista hacia las nuevas experiencias literarias) y el oportunista historicismo progre-humanista (que establece una valoración política en función de una actitud referencial y estrechamente contenidista). Reconocer la crisis de esas perspectivas no garantiza el arribo inminente de un nuevo modelo, pero ya es un punto de partida saludable.

Si pensamos en una diferenciación clara entre una mera reseña descriptiva y una crítica argumentada, ¿en qué medios, masivos y alternativos, creés que hay espacio para una crítica argumentada; para un debate necesario que supere el simple comentario friendly?  

Los escritores son criaturas sensibles. Los críticos en cambio son alimañas crueles y curtidas. Las almas bellas no soportan las críticas duras, salvo que se consideren críticos también ellos mismos. Son contados con los dedos de las manos, pero los hay. En el medio, esperando las sobras que caen del plato, están los otros, los reseñistas tibios, los contratapistas, los que nunca ven problemas en los libros, los que solo escriben “a favor”, los que les doran la píldora a todos en un pacto implícito que implica recibir en contrapartida, cada tanto, una sobadita de lomo. A esos (que por lo general se quieren también escritores) no los respeta nadie. Ni como críticos ni como escritores. No los respetan los críticos, no los respetan los escritores y no los respetan los lectores. La razón es simple: no se respetan ellos mismos. No es necesario dar nombres. Chapotean, felizmente anónimos, en el charco del sentido común y lo políticamente correcto. En cualquier medio (masivo o alternativo) se puede publicar crítica o porquería. Lo crítico es una actitud. Se trata de comprometer el pensamiento en la lectura. Cuando en vez del pensamiento lo que prevalece es el interés, todos nos volvemos miserables.

¿Hay lugar para nuevos críticos en la academia? ¿En el mercado editorial se publica nueva crítica?

En la academia, como en el periodismo cultural, hay lugar para los críticos, para los oportunistas, para los trepadores y para los inútiles. Lo importante es saber diferenciarlos. Darle el valor que se merece la producción de cada uno. Negarse o resignar esos espacios de producción es también ser cómplices de su empobrecimiento. Cualquiera de ellos supone un conjunto de normas, saberes y técnicas que, por supuesto, condiciona la producción crítica, pero que a la vez también la puede hacer posible. Creer en la eficacia inmutable de esas herramientas es igual de necio que declarar su incompetencia perentoria. Como a cualquier campo de saberes, hay que entrar allí sin perder de vista el propósito del pensamiento crítico: abrir las jerarquías.

Hace poco en una entrevista señalaste que para evitar la incertidumbre de la crítica no leés primeras novelas, sino autores que ya publican su segundo o tercer libro. ¿Por qué? ¿No es acaso necesario que el crítico se comprometa con el análisis de la producción literaria emergente?

No es cierto. No dije nunca que no leo primeras novelas. Dije que no publico lecturas críticas de primeras novelas. Y la razón es simple: me gusta tener un par de referencias textuales para tener un patrón y pensar así con mayor perspectiva una producción en su apuesta estética específica. Lo necesario no es “comprometerse con el análisis de la producción literaria emergente”. No hay que fetichizar la relación de la crítica con su objeto. Ese es un error gravísimo. La crítica tiene una sola función y esa función es política: no dar tregua a su enemigo. A ese enemigo nos lo cruzamos todos los días, a veces incluso entreverado en nuestros propios juicios. Ha recibido varios nombres en el devenir de la historia. Es lo que Flaubert llamó “idées reçues”, lo que los marxistas pensaron tras la “falsche bewutseins”, lo que el viejo Sartre llamó “mauvaise foi”, lo que Barthes refería al emplear el arcaísmo “doxa”, pero también lo que el bueno de Lacan intuyó bajo la “bêtise” que sostiene la consistencia del Imaginario y, tarde o temprano, se precipita en la canallada.

En varias oportunidades armás listas de nuevos escritores a los que recomendás leer. ¿Qué valorás en estos libros?

Por razones obvias, esa es una pregunta que no puede responderse acá. No es seguro pero acaso un esbozo de réplica podría inferirse, de manera diseminada y aun esquiva, de la despareja serie de lecturas que he ido ensayando y publicando en estos últimos años.

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