“Es una rareza recibir una reseña con comentarios negativos”

Sol Echevarría nació en Buenos Aires en 1983. Es licenciada en Letras (UBA). Publicó dos libros de poemas y colaboró en varias publicaciones nacionales y extranjeras con textos críticos sobre literatura argentina actual. Dirige la revista No Retornable y codirige la editorial Excursiones.

Por Virginia Ruano

Sol

Así como se construyen conceptos como la NNA y la nueva NNA para clasificar a jóvenes escritores (o en verdad, diez años después no ya tan jóvenes), ¿pensás que tienen un correlato en una nueva crítica argentina? ¿Acaso existe algo así como una NCA? Si fuera así, ¿quiénes la conformarían?; ¿qué críticos te gustan?; ¿por qué?

Si pensamos en términos generacionales, diría que sí, que hay un correlato entre jóvenes escritores y jóvenes críticos. De hecho, hay varios espacios que favorecen el cruce e intercambio  intelectual, generando puentes, afinidades y haciendo que se desarrolle algo así como una comunidad literaria. Pero en términos de categoría, diría que no. El concepto de “lo nuevo” es en gran medida una operación lanzada con fuerza sobre la literatura, que hoy en día no responde al  hallazgo de una especificidad literaria sino más bien a una estrategia de posicionamiento editorial. En nuestra sociedad capitalista, “lo nuevo” funciona como eslogan que desplaza a los objetos de consumo anteriores y ocupa ese lugar vacante. Dicho esto, remarco que hay una gran producción literaria en la actualidad que me interesa, lo que descalifico es la categoría de “lo nuevo” -que suele venir en combo con la de “joven”- que hace girar el significado del libro por otro lado que no es el texto, ahuecándolo al suscribirlo como mercancía.

A diferencia de la literatura, la crítica no suele pensarse bajo esta categoría, ni tampoco suele posicionar la juventud como valor. En todo caso, lo que ha sido entendido como nuevo en estos últimos años es un cambio en el posicionamiento social de la crítica y teoría en general, no sólo literaria. Una mayor visibilidad y circulación, lo cual implicó el surgimiento de nuevos espacios de difusión; y todo esto estimuló la producción, aunque tampoco exageremos. Si bien siguiendo esta línea, “lo nuevo” puede ser pensado también como aquello que genera estrategias diferentes para dar cuenta del presente y sus particularidades, dado que su uso habitual responde al anterior, prefiero dejarla de lado como categoría conceptual. En cambio, me interesa más la idea de “lo contemporáneo”, que se desliga de las estrategias del mercado y que propone una temporalidad más compleja. Hay un ensayo breve muy lindo de Giorgio Agamben titulado con la pregunta “¿Qué es ser contemporáneo?”, donde dice que lo es “quien, dividiendo e interpolando el tiempo, está en condiciones de transformarlo y ponerlo en relación con los otros tiempos, leer en él de manera inédita la historia, ‘citarla’ según una necesidad que no proviene en absoluto de su arbitrio, sino de una exigencia a la que él no puede dejar de responder”.

Como lectora, me interesa sobre todo la crítica en su cruce con la teoría, es decir, cuando deviene ensayo. Más que pensar en términos de gusto, creo que lo importante para mí es que lo que leo me interpele, ya sea porque me resulte provocativo, movilizador y/o porque abra al diálogo. Disfruto mucho de la textualidad y del lenguaje, y considero importante la intensidad de un texto, su deseo como punto de fuga, motivo por el cual los escritos académicos no suelen ser objeto de mi devoción. Creo que lo más interesante a nivel de crítica y teoría literaria circula por revistas independientes, y también por algunas editoriales. De todos modos, lo confieso, últimamente estoy más abocada a la lectura de textos ensayísticos de filosofía y psicoanálisis, y no tanto literarios.

Si pensamos en una diferenciación clara entre una mera reseña descriptiva y una crítica argumentada, ¿en qué medios, masivos y alternativos, creés que hay espacio para una crítica argumentada; para un debate necesario que supere el simple comentario friendly?

Reseñar es, como otros, un oficio que se aprende y se perfecciona. Hay quienes no asumen de modo serio esto que Walsh denominó “el violento oficio de escritor”, o quienes no saben hacerlo, y mandan su texto a un medio que no les hace devolución pero que, a menudo, lo publica. Esto, sin dudas, es un problema. También, claro, que el reseñar sea a menudo ad honorem o una de las tareas peores pagas en las redacciones de los diarios y revistas, y que su contenido se mida en escasos caracteres otorgados a principiantes. Esto pasa porque la reseña es considerada un género menor, y se le acotan sus posibilidades. Es una pena que así sea. Y como contracara a esta escritura sui generis, está la escritura pretenciosa. Hay un artículo de Jorge Barón Biza titulado “Elogio de la reseña”, donde ironiza: “Hoy casi nadie quiere practicar reseñas. Tanto académicos como periodistas culturales se montan a las jerigonzas críticas, sin cuidarse del medio para el que escriben. Algunos artículos confeccionados con los vocabularios hegeliano, estructuralista, bourdiano, semiótico o lacaniano, y publicados en medios masivos, han espantado más gente de los libros y las galerías de arte que todas las represiones anticulturales”.

Respecto a lo del comentario friendly, considero que la cuestión principal por la que esto pasa no tiene que ver tanto con el medio sino con quién reseña. Tal vez haya proscripciones respecto al contenido de las reseñas en algunos lados, pero mi experiencia personal me indica que no pasa por ahí. Me viene a la cabeza una anécdota del escritor chileno Alejandro Zambra publicada en su libro No leer, donde cuenta que durante mucho tiempo se dedicó a ser reseñador, pero tras ser confrontado por los autores de los libros que criticaba en los bares, abandona la crítica literaria en parte porque “estaba cansado de esa clase de incomodidades”. Como editora de una revista que publica alrededor de quince reseñas por número desde el 2005, diría que es una rareza recibir una con comentarios negativos. Si los tuviera, en general el/la reseñador/a prefiere no escribir nada. Me han devuelto libros por eso, pese a mi insistencia, pero bueno, la enemistad es difícil, no puede forzarse a alguien a ir al choque y tampoco sé si es del todo justo hablar de cobardía en esos casos. Para cerrar esta idea, creo que la crítica literaria es valiosa, más allá de si es positiva o negativa, cuando sirve para seguir pensando el texto y expande sus significados.

¿Hay lugar para nuevos críticos en la academia? ¿En el mercado editorial se publica nueva crítica?

Considero que la academia sirve, contra el desencanto de algunos que buscan ahí convertirse en escritores, para aprender a leer. Da un sostén sólido de lecturas y bibliografías, enseña un método y una práctica rigurosa de análisis. Es el semillero de algo que termina por brotar afuera de sus claustros, con el aire fresco del presente. Quienes se van a seguir con su crítica a otro lado, le deben mucho a esa formación. Quienes se quedan, demasiado. Cientos de investigadores literarios producen anualmente toneladas de informes que presentan a la burocracia universitaria y que nadie, tal vez nunca, leerá. Incluso para los académicos, es necesario tratar de pensar por fuera de los formatos y publicaciones que ofrece la academia, que no son más que una forma de control, y resultan demasiado rígidos para volcar en ellos una escritura libre. La academia entonces sirve como formación, y para muchos es una fuente de ingreso económico que les permite continuar sus lecturas y escrituras pero, como dice el final de cada episodio de The X-files: “La verdad está ahí afuera”.

Cada momento histórico tiene sus particularidades respecto a los géneros que circulan, y por lo tanto respecto a lo que se edita. Creo que cada vez hay más lugar para la crítica literaria de la mano de colecciones o de editoriales especializadas. A lo mejor es un deseo como lectora… y el que busca encuentra. Desde mi perspectiva diría que sí, que en eso estamos.

¿Te parece necesario que el crítico literario dedique parte de su tiempo al análisis de primeras obras? ¿Puede una buena crítica/reseña, ya sea positiva o negativa, despertar tu interés por un libro que habías decidido no leer?

No podría afirmar esa necesidad en términos generales pero, para mí, hacerlo fue fundamental. El análisis de una primera obra implica abordar el texto sin un a priori, sin un con-texto, ni bibliografía, ni nada. Es como entrar a una habitación oscura con una linterna: vas encontrando cosas y tenés que ver qué hacés con lo que encontrás. Esa experiencia sirve mucho para aprender a analizar los engranajes internos del texto, para interpretar con más soltura; y, claro, para perderle el miedo a la oscuridad.

Sí, por supuesto.

¿Podés armar una lista de nuevos escritores a los que recomendás leer? ¿Qué valorás en estos libros?

Hace poco me contaron una anécdota de Borges que no sé si es cierta pero me resultó muy acertada: al terminar de dar una conferencia, se acerca una asistente a pedirle si le podía recomendar bibliografía sobre literatura, a lo que Borges responde que lo disculpe pero jamás podría hacer algo así porque “la bibliografía es algo muy íntimo”. Por más que se confunda con un contexto social de posibilidades, accesos y restricciones, donde también tiene un lugar importante lo casual, creo que hay una historia que es personal: la de los gustos y las valoraciones.

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