“Pienso al crítico como el lector que intenta ser contemporáneo de sí mismo”

Juan Terranova nació en Buenos Aires a fines de 1975. Se desempeña en distintos medios como crítico literario y como docente en el Centro de Estudios Contemporáneos (CEC). Su último libro, Los gauchos irónicos, es una colección de ensayos sobre literatura contemporánea.

Por Virginia Ruano

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Así como se construyen conceptos como la NNA y la nueva NNA para clasificar a jóvenes escritores (o en verdad, diez años después no ya tan jóvenes), ¿pensás que tienen un correlato en una nueva crítica argentina? ¿Acaso existe algo así como una NCA? Si fuera así, ¿quiénes la conformarían?; ¿qué críticos te gustan?; ¿por qué?

NNA, NNNA, NBA, NCA, CNBA, todas esas siglas geniales demuestran nuestro piadoso hambre de taxonomización. Y al mismo tiempo nuestra desconfianza ilustra el rechazo inmediato a esas grillas. La NNNA era un partido político, casi una célula autoterrorista, creada por Elsa Drucaroff. ¿Sigue funcionando? Creo que implotó. Yo aprendí mucho con Elsa, le tengo un especial cariño y sigo muy de cerca su obra. Le juega en contra la menopausia, que le cayó como una bomba, y la empujó a hacer el ridículo, cantando recientemente con un grupo de pop low fi y publicando novelas policiales con personajes de la farándula local. Así y todo, ahí donde la ven Elsa es el elemento trosko-narcisista del que siempre se puede aprender por sus aciertos y sus errores. Sus libros sobre Bajtin y Arlt son excelentes, muy recomendables. Siempre estoy muy atento a todo lo que publica. Habría que preguntarle a ella si existe la NCA.

Si pensamos en una diferenciación clara entre una mera reseña descriptiva y una crítica argumentada, ¿en qué medios, masivos y alternativos, creés que hay espacio para una crítica argumentada; para un debate necesario que supere el simple comentario friendly?

Es una pregunta difícil. Creo que en Internet hay espacio para todo y para todos. Luego es muy fácil quejarse. A mí me encantaría que me pagaran 3000 pesos por cada una de mis reseñas pero publicando en la web, y en sus revistas y otras dependencias digitales, encuentro más libertad.

¿Hay lugar para nuevos críticos en la academia? ¿En el mercado editorial se publica nueva crítica?

Un país sin crítica es un país pobre, poco atractivo, sin movimiento. El problema, de nuevo, no son los espacios sino que las editoriales pudientes no los auspicien. Planeta y RHM-Sudamericana ponen mucho dinero en marketing, en carteles en la calle, en suntuosas recepciones y desayunos con libreros, y muy poco o nada en formar espacios de recepción para sus publicaciones. ¡RHM-Sudamericana saca cuarenta novedades por mes! Tenemos una altísima productividad de libros y una muy baja cantidad de reseñas y reseñistas para abordarlos, comunicarlos, difundirlos, evaluarlos. Las editoriales pobres tampoco trabajan con la crítica, la ven como algo accesorio. ¿Por qué? Porque los editores hoy por lo general son muy analfabetos, y no comprenden que el poder de la crítica beneficiaría sus negocios. Ellos, los editores y publicistas, ven el libro como algo acabado, como el final de una transacción, como un producto que se compra y listo, no como el principio de una discusión. Desde ahí difícilmente puedan entender el significado último y enriquecedor de la crítica. Victor Shklovski es uno de mis escritores preferidos. Marcó el rumbo de la crítica literaria del siglo XX con un estilo desmadejado, lúcido y fragmentario. Con él aprendí a ser un crítico irónico, aprendí a que hay que publicar donde te dejan, a que hay que “arreglárselas”, y discutir y tematizar la época que te tocó. Si soy un crítico, lo soy en tensión con lo académico y con el mercado. En mi caso particular no soy un investigador, no tengo becas, no escribo papers, escribo artículos, reseñas, diarios de lecturas, columnas digresivas, todos géneros bastante menores, lejos de la autonomía y lo sublime. Al mismo tiempo, trabajo como docente, un docente muy lateral de un centro de estudios sin recursos, un escritor de los arrabales de los arrabales del mundo, un ensayista pulsional. La verdad es que cuando fui a venderle mi alma creativa a la academia no la quisieron comprar, no porque fuera cara –yo estaba regalado– sino que atravesábamos el desastre del 2001. Ahora me dicen que siempre hay tiempo para venderse. Yo espero ofertas. Pero sé que soy un crítico irónico y que eso, bueno, puede resultar un poco complicado. Eso sí, si me pagan me disciplino.

¿Te parece necesario que el crítico literario dedique parte de su tiempo al análisis de primeras obras? ¿Puede una buena crítica/reseña, ya sea positiva o negativa, despertar tu interés por un libro que habías decidido no leer?

El gran desafío es llegar primero y decir algo interesante. Pienso al crítico como el lector que intenta ser contemporáneo de sí mismo. Lo demás queda para la nobleza del investigador, que en algún punto se le opone en sus funciones. Uno revuelve el presente, que es Internet, el otro revuelve bibliotecas ajenas. Desde luego, como decía mi tío Pepe, cada cual se jode como más le gusta.

¿Podés armar una lista de nuevos escritores a los que recomendás leer? ¿Qué valorás en estos libros?

La primera pregunta se responde con mi libro Los gauchos irónicos, sin embargo me animo a improvisar una respuesta para la segunda pero con los autores. En Luciano Lamberti valoro su potencia, su síntesis, su imaginación en los detalles. En Carlos Godoy, su nobleza, su humor distante y algo frío, su ternura sin sensiblerías. En Busqued valoro sus gusto por la historia bélica, su obsesión por la erudición lumpen y heterodoxa, sus descripciones del cuerpo. En Pola Oloixarac, que se ría del status quo, que denuncie la esquizofrenia del saber desde el saber, su idea del estado del conocimiento y su humor. De Mavrakis, la calidad incuestionable de su prosa y sus lecturas, su talento para odiar y hacerse odiar, su estilo, su convicción. De Martín Felipe Castagnet, su imaginación, su sensibilidad con los personajes y su dominio de la ansiedad. De Flavio Lo Presti, su humor sincero, su sentido de la ironía.

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2 replies »

  1. Criticar al mercado, a la academia, a los medios para terminar aceptando venderse por dos mangos, aún desde la ironía, tipifica a los emergentes de la NNA.

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