“El miedo es determinante”

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Por Loana Barletta / loanabarletta@gmail.com

Los ojos de Narval se humedecieron. No podía contenerse, no podía parar; sabía que algo se había roto, algo estaba pasando, pero no pasando con minúscula, sino PASANDO, como si la última pieza del engranaje hubiera caído en su lugar y la rueda empezara a girar, imparable, implacable”

Mariana Enriquez comenta que cuando escribió Bajar es lo peor era una reventada pero no tanto como Narval, uno de los personajes de la novela que, después de veinte años, reeditó Editorial Galerna. Marcada por sus obsesiones, un halo de oscuridad rodea todo lo que escribe: su último libro Alguien camina sobre tu tumba es un conjunto de crónicas de sus viajes a cementerios. Actualmente, alterna su trabajo como editora en Radar, suplemento cultural de Página 12, con la puesta en marcha de su nueva novela que transita la brujería y el malditismo.Además de contar sobre ese andar entre el oficio del periodismo y la escritura, habla sobre series, obsesiones y el género de terror.

En alguna entrevista dijiste que el periodismo te gusta pero es un trabajo y que no sentís lo mismo al escribir tus libros ¿desde dónde surge esa diferencia?

Para mí es totalmente diferente como procedimiento. El periodismo es una cuestión de agenda, aunque te puedas mover un poco, finalmente tenés que cubrir lo que pasa. En ese sentido estás un poco condicionado. Y sobre todo más allá de que yo tenga un punto de vista sobre las cosas, tanto editando como escribiendo, en periodismo no escribo sobre loque me obsesiona, lo que me preocupa o las cosas que me resultan personales. Escribo sobre las cosas que son interesantes, pertinentes o que considero que tienen que tener alguna difusión. O, en un sentido menos romántico, cosas que son de agenda ineludible desde el momento periodístico.

¿Cuáles son los problemas a los que te enfrentas al momento de escribir tus libros?

Lo más problemático es encontrar el tiempo de hacerlo y en ese tiempo dejar fluir. Yo no soy muy rápida y necesito tiempos largos, con mucho rodeo, con mucho precalentamiento. Algo que no es tan fácil de hacer cuando sos un escritor que trabaja de otra cosa. Ese es el problema más general. Por otro lado, los problemas de escritura tienen mucho que ver con el material que esté trabajando, es diferente si estoy escribiendo una novela o si estoy escribiendo un cuento. Pero en ambas cosas el problema con el que me encuentro es el de repetirme. Creo que no tengo un registro tan amplio, ni de cosas que me interesan y sobre las que quiero escribir ni estilístico. Entonces, tengo una cuestión de no repetirme literalmente, de buscar algo más que decir, de desafiarme un poco en ese sentido.

Lacan dijo que “la angustia no miente”. A vos, como periodista, ¿qué te genera angustia?

Cuando empecé que trabajaba en la sección Sociedad, a fines de los 90, había ciertas cosas que cubría que después me desasosegaban. Por ejemplo, hice una cobertura de gente que estaba comiendo en la calle en Florida. Y el periodismo tiene algo muy intrusivo que es ir a preguntarle a la persona “¿Cuánto hace que lo haces?” y “¿Qué hacías antes?” y mucha gente se enojaba. Y a mí me parecía bien que se enojaran. Entonces, que me pareciera bien lo sentía como algo que iba en contra del oficio del periodismo. Después, cuando terminaba de escribir, con frecuencia la nota era buena porque esas notas suelen tener algo vistoso, y a mí no me parecía bien. Me parecía que era un lucimiento mío que no le servía para nada a la gente con la que había hablado. Y eso sí me angustiaba bastante. Hay mucha gente que lo hace yque no le pasa lo mismo que a mí, que le parece que sirve, que creen en esa cuestión de darle voz a la gente, que creen en eso firme y sinceramente. Y yo les creo que es sincero pero a mí no me pasaba y lo único que me quedaba era endurecerme y volverme una absoluta amarga, muy irónica y cínica, cosa que no tenía ganas de hacer. Entonces preferí hacer periodismo cultural que, si bien es importante, en algún sentido es más superficial.

¿Qué diferencia hay entre tus notas periodísticas y las crónicas en cementerios de Alguien camina sobre tu tumba?

Yo las llamo crónicas de viaje porque es lo que son genéricamente. Una crónica de viaje mete mucho la cuestión personal del viajero, del cronista. Y también son un diario en ese sentido. Hay una cosa muy particular que es diferente al trabajo del periodismo y es que cuando voy a un cementerio no voy a buscar nada en particular. En el periodismo vas a buscar algo, vas a hacer una nota. En un cementerio tenés que esforzarte bastante para encontrar el relato, en general es estático. No es un lugar que tenga mucho que ver con el vitalismo del periodismo. Por otro lado, yo no escribo periodismo en primera persona. Nunca. Ni crónicas ni nada en primera persona. No me gusta ni estilística ni estéticamente. Y esto fue en primera persona porque lo considero una crónica de viaje, un relato de no ficción, algo que tiene que ver con obsesiones previas mías, con narrativas que me interesan, cosas más relacionadas con mi universo que con la cuestión periodística de dejar que el otro te cuente su universo.

Tenés una fuerte inclinación hacia el género fantástico y la literatura de terror ¿qué es lo que te seduce de esos géneros? ¿Qué encontrás en ellos que no hay en otros?

Creo que es lo primero que leí y me impresionó. De chica leía mucho y los textos de terror como “Otra vuelta de tuerca”, “Dr. Jekill y Mr. Hyde” y “Cumbres Borrascosas”, fueron los primeros que me provocaron una sensación física, me daba miedo, era una reacción física incluso de perder la noción del tiempo.Fue la primera ficción que me sedujo completamente, el primer lugar donde me perdí.Con el tiempo descubrí que es un campo en general bastante despreciado por todos los centros literarios, salvo quizás en la literatura inglesa donde tiene un lugar un poco más privilegiado. Esa condición periférica le daba una cosa que me interesa que es estar un poco excéntrico, en el sentido de no estar en el medio, entonces no te miran tanto. En ese costado encontré que había una gran libertad de expresión, un lugar donde hay gente escribiendo cualquier cosa, tipos retorcidos, incomprensibles, un escritor como Thomas Ligotti que es un loco, un lovecraftiano que además tiene una depresión grave. Es como Pynchon pero mejor, lo que escribe es más extremo, tiene como un costado de filosofía pesimista y anti natalista que me parece demencial. Entonces, estos géneros son lugares donde estas personalidades pueden estar sin que, paradójicamente, llamen la atención.Por otro lado, el trabajo con el miedo me parece un tema importantísimo. Es una lástima que quede sumido ahí en el fantástico y en el terror y que no sea un tema que pueda impregnar un poco más otras literaturas. ¿Por qué el miedo lo tienen que trabajar nada más esos géneros? Cuando es una cosa absolutamente cotidiana. Que el miedo esté laburado solamente ahí me parece un bajón. Es un sentimiento con el que a mí me interesa trabajar: el miedo social, el miedo personal, la fobia. Me interesa literariamente, me interesa personalmente y me parece súper rico y muy determinante de todo lo que hacés cotidianamente.

En el prólogo de Bajar es lo peor decís que lo escribiste para sacar a los personajes de tu mente ¿Tenés hoy “ocupantes mentales” que necesitás desalojar?

Estoy escribiendo una novela y son varios: cuatro adolescentes que son amigos desde chicos a los que les pasa algo terrible que durante toda su vida van a tratar de exorcizar, y el padre de uno de ellos que es malísimo, es como un brujo inglés del siglo XIX, un tipo siniestro pero muy lindo. Este hombre tortura bastante a su hijo pero es una relación sadomasoquista, el hijo lo quiere.Son dos chicos y dos chicas, y este padre terrible a la sombra. Creo que con esto vuelvo al malditismo. Es más, tengo el Kindle cargado de libros de magia negra, puedo ir en cana.

Hablando de tus obsesiones, ¿Qué te obsesiona del sexo entre hombres? ¿Cuánto de esto sabías cuando escribiste Bajar es lo peor?

Me parece erótico y excitante. Me obsesiona pornográficamente. Cuando escribí Bajar es lo peor sabía muy poco, de hecho las escenas de sexo son un desastre. Operativamente son un desastre. Pero, en ese momento, eróticamente a mí me funcionaba ese imaginario.Si bien el libro no es autobiográfico para nada, hay algunas cosas que sí: la cuestión de la circulación por la noche, las drogas, los gustos, la cosa muy romántica. Todo eso es muy adolescente y de la época. Los personajes no son gente que conocí, son gente que hubiera querido conocer.

¿Qué periodistas lees?

Leo a muy pocos periodistas. Si tengo que ser totalmente sincera, leo a Vertbisky. También leo los panoramas de Mario Wainfeld que me interesan y bastante Le Monde. Algunas críticas de cine como las de Stephanie Zacharek en VillageVoice y a Javier Porta Fouz, porque me interesa su mirada del cine. Pero en general leo cuando me dicen “esta nota está buena”.Hace poco me dijeron que leyera la nota de Félix Bruzzone sobre hijos de represores. Y me interesó la nota, el tema, que la escribiera Félix y la leí. Pero en general tiene que ser una cosa apuntada. Lo que leo con más atención es el periodismo político, un poco más duro. Creo que editar y leer un suplemento de cultura todas las semanas te quema un poco la cabeza y en ese sentido yo hago mi laburo, lo hago bien y mi vida es bastante otra cosa. Y en mi vida me preocupa más la política que el teatro.

¿Qué series de Tv viste o ves?

Me gustan muchas series de todo tipo. Breaking Bad no la vi porque cuando empezó me la perdí y después el hype me molestó. Que el hype me moleste es relativo, ahí me molestó. Entonces dije “no voy a ver esta serie habiéndole tomado la idea que le he tomado”. En su momento me gustó mucho Lost, y la sigo bancando. Hace unos días vi el final de True Detective y después de ver siete capítulos de la narración televisiva más impecable del mundo que termine así fue catastrófico. Al guionista lo mataría, está loco, es un hijo de puta. La serie tiene un universo que a mí me interesa: asesinos seriales, sur de Estados Unidos, pesimismo, Lovecraft. Tenía todo para que yo me enamore, me enamoré y me puso a Cristo al final.Me alteró.Y en ese sentido banco mucho el final de Lost que por lo menos no me produjo ese estado de alta traición amorosa. Me gustó mucho TheWire, Les Revenants y Treme. También True Blood que sé que es una grasada pero me encanta, me calienta, son todos re putos, son todos re lindos. Es como una porno para mujeres, cine explícito. Twin Peaks me sigue gustando. Es extraordinaria. Y también tiene un problema de cierre importante pero ya fue hace muchos años. Lo de True Detective fue el lunes, todavía estoy muy traumada.

 

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