“Escribimos desde la diversidad”

Entrevista a Diego Faturos

faturosLa escena teatral porteña encuentra tantas formas y estéticas posibles como actores, directores y escritores produciendo en cada sala de teatro de una plaza inmensa e inabarcable. Sin embargo, desde hace algún tiempo, se empezó a hablar de una “novísima dramaturgia” representada por jóvenes escritores de no mucho más de 30 años, hijos de la Democracia y que -por casualidad o causalidad- son los hacedores de los espectáculos más valorados por la crítica. Diego Faturos es uno de ellos. Su obra Amanda Vuelve es una de las que integran OFF!, Novísima dramaturgia argentina que recopila Ricardo Dubatti y que recientemente ha publicado Interzona. Éste libro abre un debate ¿existe una nueva generación de dramaturgos que comparten algo más que la época? Para Faturos hoy se escribe desde la “diversidad y la libertad” y si bien tienen en común escribir en un mismo momento histórico  no siente que haya una unión.

Por Natalia Gauna

¿Crees en una nueva generación de dramaturgos?

Cuando empezamos a conversar con Ricardo Dubatti antes del lanzamiento del libro [Ricardo Dubatti, Off, Interzona, 2014], él nos preguntaba mucho qué nos une a los dramaturgos jóvenes. Creo que escribimos en la diversidad. No siento que haya una unión de “vamos todos para este lado” sino que esto se dio porque somos todos autores menores de 30 años, hijos de la Democracia, post-Cromañon, post-menemismo pero creo que, por lo menos  en mi caso, no es algo consciente.

En mi caso, no escribo sobre ideas sino que escribo sobre imágenes. Entonces, después uno puede analizar las obras y ver a qué corresponde o a qué se debe ciertas cosas pero creo que si hay una nueva dramaturgia es porque hay mucha gente que escribe. Sin embargo, no creo en un movimiento de nuevos dramaturgos.

¿Con qué tradición crees que discuten tus obras?

No lo sé. Tengo como referente a Claudio Tolcachir, Daniel Veronese o Ricardo Bartís quienes sí compartieron a la hora de escribir una inquietud. Nosotros escribimos por ganas de hacerlo o necesidad y si algo nos une es la libertad en esta época, la Democracia. Entonces, hay una pluralidad de voces muy grande. Me parece que uno escribe de las cosas que le interesan pero no delimitándose a una concepción.

Lo que vengo sintiendo es la búsqueda de verdad. No creo que discuta con otras formas de hacer teatro. Quizás, en general, hay cierta influencia de lo cinematográfico. De un tiempo a esta parte  uno empezó a ver obras donde el espectador espía, se mete en la historia. Lo que siento como diferencia es eso. Uno cuando va al teatro quiere ver cosas que pasen en serio, que lo conmuevan, lejos de los artificios.

Además, puede que haya una necesidad de verdad producto del devenir de la Democracia. Es paradójico porque en el  teatro se miente y buscar la verdad en algo que es mentira es interesante. El espectador aporta su imaginario y su imaginación para que eso -que aunque sabe que es mentira- lo pueda transformar en verdad. El teatro tiene ese poder de transformar la realidad.

¿A quiénes de estos nuevos dramaturgos lees o te interesa sus propuestas?

El trabajo de Francisco Lumerman lo sigo bastante. Además de ser amigo y de que hemos trabajado juntos, me parece muy interesante lo que hace. A muchos los conozco más de haberlos encontrado en mesas de debates ya que no tuve la oportunidad de ir a verlos.

¿Cómo es tu proceso de escritura?

Estudié con Ricardo Monti. Él siempre me enseño a escribir sobre imágenes. También uno escribe mucho pensando en donde sabe que va a montar la obra o teniendo en cuenta el elenco que va a tener.

Además cuando uno escribe y dirige las obras uno tiene que poder ser un poco esquizofrénico y poder separar. Cuando estoy escribiendo, estoy escribiendo y no sé cómo se podrá resolver una situación escénicamente. Es necesario confiar en que mi otro yo director se encargará después. Disfruto mucho escribir, tengo una libertad que tiene que ver con la soledad. Hay un juego con la imaginación muy libre, me encanta no saber lo que voy a escribir. Creo que uno tiene la obra mucho antes de que uno lo sepa y uno tiene que buscar la forma de hacer que esa obra aparezca. Es como hacer un trabajo de autoconocimiento, de ir descubriendo que te quieren decir las imágenes.

¿Cuáles son las imágenes que impulsan la escritura de una obra con personajes históricos como Eva Perón en el caso de Vos me decís que esto no es morir?

En ese caso es el libro de Eloy Tomas Martínez [Santa Evita, Seix Barral, 1995] el que inspiró la obra. Que un grupo de comando peronista recupere el cuerpo de Evita y lo reviva es una imagen potente. Fue como un desprendimiento de ese material que me interesó para poder trabajarlo. Estaba interesado en leer sobre peronismo y eso generó en mi todo una búsqueda de material hasta llegar a la novela de Martínez. Cuando una escribe sobre temas de la historia tiene que tener mucho cuidado con el tratamiento que hace.

¿Qué vas a ver al teatro?

De todo. Siempre me gusta ir a ver más teatro independiente. Me gustó mucho Perro que fuma que está en Timbre 4, Perro, un cuento rural de Hernán Grinstein que también me pareció interesante. Hay muchas cosas para ver, es impresionante y siempre ves lenguajes diferentes, autores muy jóvenes. Cuando voy al teatro trato de buscar eso, diferentes miradas, que lo que haya te atrape. Me gustó mucho ver las obras de Alejandro Acobino que, lamentablemente, falleció. Hernanito y Rodando me gustaron mucho. Las obras de Santiago Loza me gustan mucho, tiene una poética muy interesante.

¿Con qué dificultades te encontrás a la hora de montar tus espectáculos en el circuito independiente?

Creo que los teatristas argentinos hemos creado una buena manera de hacer teatro sin plata. De hecho, eso es ahora admirado en Europa. Yo viajé mucho con la Omisión de la Familia Coleman [de Claudio Tolcachir] y vi que se está empezando a imitar el modo de hacer del teatro independiente que tenemos acá. Sobre todo, teniendo en cuenta el momento que están viviendo allá. Están montando espectáculos en casas, en salas chicas cuando estaban acostumbrados a todo una parafernalia de muchos subsidios y sustento. Ahora han tenido que salir a hacer las obras como hacemos nosotros con la ropa de la abuela y la mesa que encontramos en la calle lo cual también despierta un sinfín de posibilidades interesantes. Estaría bueno que los actores y directores podamos cobrar los ensayos. Hay subsidios pero siempre llegan tarde y, a veces, no alcanza. Y, después, el problema es cómo llegar a la gente,  atraer el público a la sala, cosa que siempre es un misterio.

¿Y en ese sentido cómo explicas el éxito de La omisión de la familia Coleman que lleva 10 años en cartel en el circuito off?

Creo que Coleman es una obra que marcó muchas cosas. Yo tengo 30 años y desde los 20 que la estoy haciendo. Es muy loco que la sala casi siempre esté llena. Lo impresionante es que ya pasaron diez años de su estreno. Pasaron muchas cosas, viajamos por el mundo con esta obra durante mucho tiempo. Ahora tenemos un nuevo desafío que es que la obra se reestrenará en  la calle Corrientes, en el Paseo La Plaza. Eso también es llamativo, una obra de teatro que nace en el off y después de años llega al circuito comercial y es una linda motivación.

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