La ética del borde

 los-hombres-de-los-pantanos

 

Por Pablo Scoufalos

Los hombres de los pantanos (2011), de Federico Sironi

Expreso Nova Ediciones, 62 páginas, $60

Los hombres de los pantanos es el retrato de diez lúmpenes porteños que se reúnen en un banquete final. No es una novela, no es un sainete criollo, es más bien un catálogo. Parece un libro infantil a mitad de camino. La otra mitad del camino es la búsqueda liberadora del equívoco y la confusión, indispensable para que se filtre el amor en las mini-biografías de estos personajes amorales.

Lo que une a estos personajes va más allá de la ética y la estética del fracaso, tiene que ver con ser y no ser. Son auténticos borders, entran y salen del sistema productivo, son civilización y barbarie en un mismo cuerpo pantanoso. Pueden hablar varios idiomas, pueden ser brutales cocainómanos, alguno podría ser un boceto de un personaje de Marechal. Pueden ser muchas cosas. (“Podría ser un gran guía turístico, un buen abogado, un buen crítico de rock, pero no le gusta trabajar”).

La falta de integridad de los personajes y de la estructura del texto de Sironi son un descuido conciente, un buen recurso humorístico. Rumores, acusaciones y aclaraciones absurdas del narrador componen los perfiles de los personajes a través de oraciones cortas y un lenguaje llano. La máscara (lo social) y el rostro (el individuo) no pueden separarse, y lo convierten en un retrato entre grotesco y cómplice. Existen personajes como el “El Ministro”, un “Rocambole moderno”, empleado público con nueve trajes: “A diferencia del Ladrón de Agua, es valiente, aunque muchas veces puede equivocarse, como todos. Ama y fue groupie de Charly García en su peor momento”.

Lo decepcionante de este breve libro es el banquete final o “Asadito frío”. Es el momento en que se reúnen los antihéroes: “El Hombre Bombacha”, “Míster Músculo”, “El Acertijo”, “El Rey del Rock”, “El Ladrón de Agua”, “El Ministro”, “Teletubi”, “Orson”, “Charles” y “El Viudo”. Se reúnen en un parque de Buenos Aires para después separarse y perderse en el pantano. Es acertado que en el diálogo que hay entre ellos no se distinga quién dice qué cosa, porque en el fondo son una misma cosa, pertenecen al mismo catálogo. El problema está en las frases y reacciones tal vez demasiado prudentes de los personajes, que les quita complejidad y ternura, y deshilachan el cierre extrañamente épico que soñábamos para ellos.

 

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Categorías:Reseñas

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