Pugliese vs. Discépolo

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Por Anahí Perez Pavez

El Centro Cultural de la Cooperación es el edificio de Av. Corrientes al 1543. Su frente vidriado lleva impresas palabras como liberación, integración y solidaridad. A esa mole transparente asisto a una charla que me llegó vía Facebook: Discépolo y Pugliese. Primer encuentro de Tango y Política. Los organizadores son el gestor cultural Walter Alegre y la cantante Karina Beorlegui. Ambos en representaciónde las agrupaciones Osvaldo Pugliese y Tango descamisado. Los expositores de la fecha son el periodista y abogado Silvano Lanzieri y el filósofo y ensayista, Gustavo Varela.

De 2001 a 2008 fui militante de la Federación Juvenil Comunista. Entrar al CCC significa volver a impregnarme de ese imaginario. Mientras subo las escaleras, los murales, de Luis Felipe Noé, Gorriarena y Campodónico, imponen los tonos de una tradición presente al momento de pensar el tango. Me siento en el fondo de la sala Jacobo Lacks. En las sillas de la vanguardia están las señoras de viejos músicos. Karina Beorlegui irrumpe al micrófono con una anécdota. Le dice a la viuda de Pugliese, Lydia Elman: “¿Cuento dónde nos conocimos? ¡Nos conocimos en el consultorio de nuestra ginecóloga! Yo estaba en la sala de espera con un remera de “San Pugliese” y ella agarra y me dice: ¿Qué hacés vos con mi marido en la remera?”. Risas de todos y todas. Somos cerca de 40 personas.

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El primero en disertar es Gustavo Varela. El filósofo y docente de la UBA que genera suspiros entre las alumnas con su verba poética e intensa, indica: “Hay tres momentos importantes para entender el tango: la fundación y consolidación del Estado en 1880, el primer populismo Yrigoyenista de 1916 y la caída de Perón en 1955.” Varela habla de aquel gobierno de Hipólito Yrigoyen porque es cuando “el pueblo se involucra como pueblo”. Luego dice que “hay que traer a Manzi para entender a Discépolo.” Homero Manzi es el de Añatuya. El santiagueño que a los nueve años es traído a Lanús y que en 1937 escribió un tratado sobre los problemas del Norte.

Gustavo Varela cita a Manzi: “El ferrocarril sólo fue a mi tierra a sacar sin dejar nada. Aconsejado por esa experiencia sostengo que Santiago y todas las provincias que viven idéntico drama tienen que volver a su historia. A sus industrias nacionales, desoyendo la política portuaria para rehacer su patrimonio.” Eso escribió Manzi para la agrupación Forja. Para Varela, Homero Manzi, desde su orientación radical, es “intersección de lo que parece tener destino de separación. Empalme de ciudad y de campo, de poesía y de política. Lo nacional se conjuga en una genealogía argentina que polariza sólo con lo que tiene un espíritu foráneo e invasor.”

Varela insiste: “Manzi habló entonces de la oligarquía nacional y de los pulpos imperialistas. De los grandes monopolios y de las empresas capitalistas extranjeras. Estuvo atravesado por una época, la de los treinta, que reclamaba definición. Antes del baile popular. Antes de las grandes orquestas, antes del peronismo, Manzi escribe y anuncia la necesidad de la revolución.”

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Homero Manzi ve preciso “crear la mentalidad opuesta y nacionalista, que diga, sencillamente: que se vayan a la puta madre que los parió los accionistas ingleses.” “Quienes nos tildan de opositores se equivocan. Quienes nos tildan de oficialistas también, no somos ni oficialistas ni opositores, somos revolucionarios”, dice Varela que dijo Manzi.

Sigue el filósofo con su repaso histórico. Cuenta que en 1937 se inicia la “gesta popular” del tango en el cabaret Chantecler, que va a extenderse hasta mediados de los cincuenta con el comienzo de su época de oro. “Una metáfora esta del oro. Tan cara a la historia política argentina. El banco central. Los lingotes. El discurso de una grandeza nacional que se vanagloriaba de sus ahorros. Metal precioso adentro, en los pasillos, y afuera: economía restringida y pobreza de clase”, emociona Varela.

El profesor continúa con su huracán de informaciones: “La fiebre que se inicia en el treinta anticipa en la música lo que va a ser más tarde en la política. El peronismo llega al tango antes que Perón y al cabaret, antes que a la Plaza de Mayo.” Dice que toda la década del cuarenta será callejera. De pies “que viajan del interior a Buenos Aires. De patas en la fuente y a la vez de punta y taco en el cabaret. Aluvión bárbaro, zoológico y político. La década tiene el rostro del peronismo y el ritmo del tango. La vieja, Gardel y Perón. Reza el dicho de entonces.”

Mientras Varela pinta me tildo pensando. Ya me figuro a Perón y las cabezas en la Plaza, cuando comienza a hablar de otro: “Discépolo es flaco. Muy flaco. Flaco de nervios. De tensión interna. De apriete muscular. De estómago cerrado. Así se lo ve en las películas o se lo escucha en la radio. Sin pausa. Apurado y a la vez enfático. Discépolo dice y en donde dice parece develar una verdad que permanecía en silencio. Como en los discursos de Eva Perón. Mezcla de cierta insolencia, de flacura y de puño apretado hacia adelante.”

Cuentan que Discépolo “vuelve al tango canción más verdadero. Lo muestra descarnado”. Luego hablan de la voluntad de mostrarlo como un nihilista, como un triste eterno e inmovilizado. Escucho y me figuro a ese Discepolín de la mala suerte, que contrasta tanto con el vehemente de su programa de radio. Ese que dijo desde su ciclo con Mordisquito: “Todos podemos negar todo, pero hay algo que no se puede negar: la evidencia. Los hechos. Lo que está ahí, a la vista; en el voto femenino, en el aumento de los salarios, en la propina que reciben los mozos”. Eso que se ve, sería el mundo de realizaciones peronistas que Enrique Santos Discépolo “señaló con el dedo”.

Recuerdo, mientras hablan de la indiferencia con que lo maltrataron al cantor de las cuarenta, imágenes de las milongas actuales. Esas a las que voy. En las que unos veinteañeros tocan a los clásicos y otros tantos tratan de mostrar el tango nuevo que producen. ¿Quién es el Mordisquito de hoy? ¿Qué hay que señalarle con el dedo en tiempos en que el Ministerio de Cultura de la Nación monta un escenario en Plaza de Mayo y lo llena de artistas populares? ¿Cuál es la realidad irrefutable?

Vulgaridad en voz alta. Eso es el tango en los años peronistas”, termina Varela y lo aplaudimos. Le toca a Lanzieri, el periodista de Valentín Alsina que conduce el programa radial Tangópolis y que junto al escribano mayor de la Nación, Natalio Echegaray, dio cursos en la Universidad del Tango sobre política, “en contra del establishment”.

Silvano Lanzieri expone a Pugliese. Pisamos los cuarenta minutos mirando fotos del artista. Pasan los slides y lo vemos al pianista “en todas sus facetas”. Jugando al ajedrez, al truco y “buscando laburo para su orquesta”. Porque, según Lanzieri, Osvaldo Pugliese era un creativo. Un marxista que habiendo sido perseguido hasta la prisión, nunca paró de producir. “Nunca lloró sobre la leche derramada” y siempre tuvo como prioridad la manutención de su orquesta. La de Pugliese era una cooperativa y “como buen comunista, tenía un gran sentido de la responsabilidad y la conducta”. Vemos videos con testimonios, como el del violinista y bandoneonista Emilio Balcarce que cuenta cómo repartían los ingresos. A criterio de mérito y antigüedad. Al punto que en un momento, el fueye destacado, Osvaldo “el tano” Ruggiero, llegó a cobrar más que el director. Agregan que Pugliese quería que todos los músicos tuvieran vivienda propia y que con ese fin compraron un terreno cerca de la cancha de Velez Sarsfield sobre Av. Juan B. Justo, pero después “hubo desavenencias de un cantor, Remo Recagno” y tuvieron que vender.

Nosotros no hablamos de década de oro del tango por las razones que daba Gustavo. Preferimos llamarla“masividad del tango”, sobre todo después, cuando ya se descomponía el golpe de Estado uriburista con olor a petróleo y comenzaba a esbozarse la venida del nuevo sujeto social que es el peronismo.” Ahí Lanzieri enhebra esta crisis con la posterior, la cultural general, la de los sesenta con “la debilidad de esa masividad cuando el tango va tomando otras formas y se produce el desplazamiento cultural, la transculturización del imperio importando cultura y desplazando la cultura nacional.”

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Posteriormente a esa transculturación se produjo un repliegue. El característico repliegue de las culturas prohibidas o negadas. Allí podríamos encontrar el germen del debate sobre qué es conservador y que no. Sobre si el tango es un tesoro dorado del pasado que hay que proteger de todos los tiempos, incluso del presente, o si es un género que puede prestarse a la transformación. Lo conservador suele ser reacción “protectora”. Temor a la pérdida de algo que, tal como está, sostiene un universo de sentido. Organiza un mundo.

¿Qué es ser marxista? Desde el punto de vista filosófico es partir de la realidad que tengo para poder transformarla en lo que quiero tener y esto es lo que, permanentemente, hizo Pugliese”, afirma Silvano Lanzieri. Mientras, me quedo mirando mentalmente esa imagen del powerpoint que ya pasó, en la que se lo ve a Don Osvaldo sonriente sosteniendo su cartel de presidiario número 127. Sobre eso comenta Varela: “En general hay una voluntad de asepsia política, en Argentina. A mí me gustan las intensidades políticas en el arte. Que haya tipos comprometidos con lo que piensan y que lo enfrentan, a pesar de ellos, porque padecen lo que piensan. Se hace carne lo que uno piensa. Yo veía la foto de Pugliese antes de entrar a prisión, nunca la había visto, y él se reía y yo pensaba en su soledad. ¿Qué te mantiene tenso en la soledad de una prisión? Sin lugar a dudas que es la intensidad política. Entonces, a mí me parece que en un punto es necesario desplazar esa idea que tenemos de que el arte es aséptico. De que es un especie de merthiolate, que nos cura las heridas de lo que pensamos”.

Hablando de Osvaldo se hizo inevitable referir a San Pugliese. En esa foto de él sonriente, joven y con el cartel entre las manos hay algo de ese aura mítica. “Las leyendas urbanas tienen algo de realidad y mucho de sentimiento e imaginario popular y yo no conozco otra persona que haya sido ungido en santo siendo ateo y él es San Pugliese; el santo marxista, el santo comunista”, se entusiasma Lanzieri.

Cuando a los ocho años mi padrino me llevó al Club Atlético Huracán y estaba el clavel sobre el piano me quedé prendido. Pregunté: ¿Por qué no está en el piano y está la flor? Mi padrino, peronista él, me dijo: porque no piensa como el gobierno y es perseguido. Ahí me enamoré.” Eso declara, antes de finalizar, el segundo expositor y río. Para no variar, agregan: “Osvaldo luchó siempre por la unidad del pueblo y lo demostró en los setenta cuando viene Perón al país y le dicen de actuar. Él consulta al partido, le dicen que sí y actúa. A la semana los invitan y Perón le dice: “Maestro, gracias por saberme perdonar.”

Me deja inquieta la idea de indagar sobre las figuras del establishment tanguero. Mucho se dice sobre el ala militarista del tango y de la afinidad histórica de los militares con el género, pero me reservo la inquietud para el próximo encuentro. El cierre se da con la lectura de una carta en la que Pugliese defendió a Cuba y su bloqueo, en los ochenta, contra los dichos acusatorios del periodista Bernardo Neustadt que lo mandó a “que siga tocando la yumba y se deje de hablar de política”, teniendo Osvaldo 86 años.

Antes de retirarnos la esposa de Pugliese critica: “acá lo común es el programa de Tinelli. En Argentina se da un tango para el turismo y se olvidan del resto”. Walter Alegre le contesta que “por suerte hay un movimiento incipiente, emergente, que desde hace unos años construye el tango actual”. La viuda enfatiza: “Esos movimientos existieron siempre, en la época de Osvaldo fue la renovación. En la de Astor también los jóvenes se volcaron a su música pero en las milongas he escuchado que todos pasan las viejas orquestas y bailan con eso, no bailan con lo nuevo.” Alegre insiste: “todavía no se ha asentado, los tiempos culturales son más extensos que los humanos”.

Lydia Elman vuelve a afirmar: “No. Hablá con Rodolfo Mederos que empezó con ideas vanguardistas, formó Generación 0, y ¿Qué pasó?” Alegre le contesta que envejeció y la dama se auto convence: “tiene una orquesta típica. Volvió donde estaba.” Allí hay algo de un universo de sentido que se resiste al cambio, negándolo. Muchas veces esa resistencia existe en el seno mismo de los afanes revolucionarios. Fui a varias charlas de tango y nunca falta quien diga que está muerto o que hacer otra cosa dentro del género es un intento vano o un dilema irresoluble. Para calmar las aguas, Karina Beorlegui dice: “Creo que los que hacen tango hoy, sobre todo los que no tienen medios económicos, se manejan de una manera parecida a lo que hacía Pugliese. No sé si te voy a dejar un poquito más contenta, Lydia, pero yo tengo esperanza. Por eso estamos hoy acá. Bienvenido sea lo que nos dejaron Discépolo y Pugliese”.

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