Daniel Gaguine: “Hay una tendencia a respetar a las ‘vacas sagradas’ del arte y del periodismo”

Daniel Gaguine es periodista. Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires. Escribe en el portal Pura Ciudad y en su blog El Caleidoscopio de Lucy, sitio especializado en crítica de teatro, entrevistas a artistas y recomendaciones de música y cine. Participa de los programas de radio Cámara Lúcida (Arinfo) y Desde la Fila 3 (Radio Lexia). Fue jurado de los premios Trinidad Guevara (2013) y redactor de la revista Noticias Urbanas. Es miembro del Área de Comunicación, Artes Escénicas y Artes Audiovisuales (Facultad de Ciencias Sociales) y autor del libro Metallica: Furia, sonido y velocidad  junto a Matías Recis.

por Natalia Gauna

DANI ¿Qué es un crítico de teatro? ¿Qué función tiene?

 Antes que nada, personalmente no me defino como “crítico de teatro” sino como periodista. No me limito a realizar solo “críticas de teatro”. Hago investigaciones y reportajes, amén de escribir críticas de teatro. Me parece pobre que una persona se defina únicamente como “crítico de teatro” ya que, si le corresponde realizar otra tarea ¿no la hace?

Con respecto a la función, me parece, que es necesario reflexionar críticamente –valga la redundancia- sobre la actividad que llevamos a cabo. Retomo al filósofo Pierre Bourdieu para ejemplificar. Bourdieu dirá que “los procedimientos lógicos no pueden ser explicados con precisión, por separado de sus aplicaciones”. Esto implica un rechazo a recetas prestablecidas que dicen cómo se debe investigar, siempre con un único método.  En el caso que nos compete, -periodistas en relación con el teatro-, hay una tendencia a respetar a las “vacas sagradas” del medio. Periodistas con ciertos saberes y prestigios que han trascendido a través del tiempo, como si fueran leyes casi inquebrantables. Lo mismo con actores, directores o dramaturgos que hacen todo bien (como mínimo).  Así se reproduce, una “tradición” donde nada se pone en duda y todo está bien de antemano.

Es necesario someter la práctica periodística a una reflexión. Debe haber una respuesta a una pregunta para, de esta manera, constituir el conocimiento. Nada es espontáneo ni está dado sino que se construye. Cada obra de teatro, recital o película será diferente una de otra. Por eso, aquello que fue útil en un determinado momento, puede trabar la nota que se esté escribiendo en ese momento. Llega un momento en que el espíritu prefiere –sobre todo en los grandes medios- confirmar su saber a lo que lo contradice. Hay un dominio del espíritu conservativo y el crecimiento se detiene.

Como profesionales, debemos ser reflexivos y autocríticos: desde elegir y definir los temas, las nociones conceptuales, teórico-ideológicas así como en las perspectivas metodológicas e instrumentos de recopilación y análisis de datos diseñados y aplicados. Todo el proceso nos enfrenta a su evaluación reflexiva. El descubrimiento no se reduce a una lectura de lo real. Es, justamente, una ruptura con lo real. Hay periodistas que no plantean problemas porque la tradición no los considera dignos de ser tenidos en cuenta. ¿A quién le importa decir que Guillermo Francella se repite desde hace treinta años?

¿A quién le interesa la crítica? ¿Quiénes las leen?

La crítica le puede interesar al público así como a quienes forman parte del mundo del teatro, directores, actores, dramaturgos, etc. El “problema” –nótese el uso de las comillas- es cuando el crítico es independiente y fiel a su trabajo. Esto, que debería ser moneda corriente, no lo es. Si un crítico dice que “tal obra” no le pareció “buena” y tiene la “osadía” de publicar su parecer, las acusaciones irán desde “es un actor/director/dramaturgo frustrado” hasta “no tiene la sensibilidad para entender mi arte”. Por ese motivo, más que críticos, hay “fans que cuentan lo que ven”. Todas las obras son “lindas”, “buenas”, “bellas” o le encuentran algo “positivo para destacar”. Dentro de esta lógica, para estos fans devenidos críticos que escriben loas de manera compulsiva -porque quieren ir gratis al teatro más que desarrollar un trabajo serio-, será lo mismo escuchar Los Beatles que a Tan Biónica o, poner en el mismo escalafón a Marilú Marini y a Esmeralda Mitre.

En este sentido, creo que debería hacerse un mea culpa tanto del crítico si está realizando bien su trabajo como del actor/director/dramaturgo que considera que la única crítica valedera es aquella que habla de su “brillantez como artista”.

¿Qué incidencia tiene en el público? 

La crítica tiene poca incidencia con el público a menos que “coincida” con lo que el “soberano” necesita que le legitimen. En el caso que no coincida, no modificará un ápice lo que piense de su “ídolo” de turno. Justin Bieber nunca hizo una canción como la gente y tiene ventas arrolladoras. No olvidemos el éxito de Marcelo Tinelli a lo largo del tiempo que es proporcional a su falta de buen gusto y creatividad al tiempo que postula valores detestables. ¡Pero es el tipo más visto de la televisión argentina!

A esto, no hay que pasar por alto un detalle fundamental, que es el medio para el cual uno trabaja y los auspiciantes. Si da la casualidad que la visión del periodista no coincide con la del auspiciante obviamente que se privilegiará la posición más importante –la del auspiciante-. Por eso, en los grandes medios, es muy raro ver una crítica negativa a los think tank de la Calle Corrientes aunque no sean merecedores de ningún tipo de elogio. Más aún si en el elenco, hay “artistas” famosos o exclusivos de algún medio de comunicación en particular.

En cambio, los críticos que tienen su lugar en los blogs, no aprovechan la independencia que disfrutan sino que únicamente les interesa “pertenecer” a ese mundillo. El pertenecer tiene sus privilegios y la meta es “ser del Jet Set” como había dicho, en su momento, Gustavo Cerati.

¿Puede un crítico ser además un artista?

Podrá ser un “artista” de la crítica…La pregunta está planteada como si fueran escalafones. Primero “critico”, después “artista”. Es muy relativo todo. Soy periodista pero me gustaría tocar la guitarra como Eric Clapton o Stevie Ray Vaughan, escribir como Cortázar o jugar al ajedrez como Gary Kasparov. Si lo lograse, ¿sería un artista? ¿La música, la literatura y el ajedrez entran dentro de lo que puede considerarse “arte”? Quizás haya críticos que quieran ser artistas.

Hay una entrevista en Playboy a Marlon Brando en la que habla sobre los “artistas” y dice que “podemos llamar artista al cocinero de minutas porque, en realidad, hace cosas de artistas, contorsiones y malabarismos con su sartén de panqueques, para arriba, entre las piernas, volando por el aire, atrapando utensilios. No sé si cabe excluir todas esas cosas del arte salvo que sabemos en lo más profundo, que no tienen nada que ver con el arte”.

¿Existe una nueva generación de críticos de teatro en Argentina? En caso que existen ¿En qué medios circulan?

Siempre hay “nuevas generaciones” de diversas actividades. Su circulación es por diversos medios. Hay redactores en diarios y revistas como en blogs y páginas web así como en la televisión o la radio.

Creo que si no hubiera “nuevas generaciones” ¡estaríamos en serios problemas! Lo que me da la impresión es que estas nuevas generaciones tienen una tendencia a la búsqueda de “aquietar aguas” cuando deberían plantear nuevos desafíos y debates. Ante cualquier esbozo de intercambio de pareceres, muchos se van por la tangente diciendo que “todo es bueno”, “todo es respetable”. Si una persona que se hace llamar “crítico” y -retomando ejemplos-  pone en un nivel de igualdad a Los Beatles con Tan Biónica para después escudarse en el “todo es respetable”, sin argumentar al respecto, falta notoriamente a su función. No es lo mismo una “charla de café” que el brindar una explicación desde un lugar determinado como el del “critico”, “periodista”, etc.

Valoro más a aquél que pueda mezclar los conocimientos junto con una experiencia vivida -que tenga calle, dicho en criollo- que a la incontinencia verbal de quien llena un artículo de términos e ideas tan sofisticadas, con el único fin de regodearse en su propia verba. Hay mucho periodista que “llegó a potro sin galopar”. Si se va a calificar a Borges o Cortázar de “antiguos” –por ejemplo-, se pide, al menos esbozar una alternativa válida que reafirme lo dicho. Caso contrario, se queda una postura tan “contestataria” como “vacía”. Que las “poses” sean para los flashes y no para la escritura.

Me parece que las nuevas generaciones deben aceptar/disfrutar el aprender a partir de sus propias equivocaciones en vez de ofenderse ante cualquier crítica adversa.

Hay “nuevas generaciones y nuevas generaciones”. Mariana Mactas es una vergüenza que sea una de las caras visibles e las coberturas de espectáculos de una señal de noticias. Lo mismo es extensible al Bebe” Contepomi, gran mandibuleador que dijo en un reportaje, muy suelto de cuerpo, “yo no te puedo decir la discografía de los Beatles ni el orden en que salieron sus discos. No soy un erudito del rock”.

¿Cuáles son los lugares de formación de los críticos? ¿Existen por fuera de las instituciones formales? 

Hay muchos que vienen de Ciencias de la Comunicación o de Filosofía y Letras así como del IUNA o de TEA. La educación “formal” brinda muchas de las herramientas con las que cuentan los críticos pero vuelvo a hacer hincapié en la práctica constante y en la permanente capacitación. En el caso que nos ocupa, ir a todos los teatros (el oficial, calle Corrientes, el Off, el independiente o cualquiera sea la denominación que tiene).

Un curso siempre viene bien, al igual que intercambiar y debatir ideas con colegas. Escuchar todo y someterlo a crítica y discusión. Siempre hay algo que aprender y generalmente, se aprende de los errores, con humildad y deseos de mejorar.

No ofenderse cuando se le pifia con alguna cuestión ni creerse que hay un antes y después de uno, en la historia del periodismo. Los periodistas critican el “ego” de los artistas pero ellos también tienen el suyo. Un periodista nunca es más importante que el entrevistado o la noticia en sí.

 

 

 

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