Natalia Laube: “No creo que exista una división tan tajante entre crítico y periodista”

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Por Natalia Gauna

Natalia Laube estudió Periodismo en TEA y cursa la Licenciatura en Crítica de Artes del IUNA. Escribió para diversos medios argentinos (Rolling Stone, Revista Noticias, Mutis x el Foro, Las12 y Brando, entre otros) y se desempeñó como crítica teatral en los diarios Crítica de la Argentina y Tiempo Argentino. Actualmente escribe sobre teatro en La Nación y en la revista de artes escénicas Funámbulos. Además, trabaja en el Polo Audiovisual de Educ.ar para los canales Encuentro, Pakapaka y Deportv.

 

¿Qué es un crítico de teatro? ¿Qué función tiene?

Dentro del campo del periodismo, un crítico de teatro es –respuesta de perogrullo– aquel que escribe sobre teatro. En general, críticas o reseñas pero en muchos casos también notas de adelanto, notas de análisis o entrevistas. Su función más evidente es la de dar a conocer trabajos teatrales y, en la medida de lo posible, ofrecer una mirada interesante sobre ellos. En medios más especializados también suele escribir notas que analizan tendencias o abordan problemáticas más generales del campo teatral. En Funámbulos, por ejemplo, rara vez trabajamos sobre una sola obra, más bien hay un permiso (y una pretensión de) mirar la escena teatral a través de un gran angular. En estos casos, el trabajo suele ponerse doblemente interesante.

No creo que una misma persona sea “crítica” cuando escribe críticas y “periodista” cuando escribe notas. Quiero decir, no creo que exista esa división tan tajante. Una entrevista a un director puede incluir preguntas que impliquen más análisis que una reseña, por ejemplo. Me parece que un crítico con cierta cancha periodística puede desenvolverse bien en muchos géneros. Sobre la crítica académica prefiero dejar hablar a los que conocen más y mejor el paño.

¿A quién le interesa la crítica? ¿Qué incidencia tiene en el público?

Supongo que depende del medio al que nos estemos refiriendo. En los suplementos de Espectáculos de un diario (y en un contexto de tantísima oferta como la de Buenos Aires), una crítica sirve, muchas veces, para recomendar enfáticamente una obra o, por el contrario, sugerirle a un potencial espectador que puede dejar de ver un trabajo x sin perderse de mucho. Pero, también sirve para ofrecerle al público una mirada nueva sobre lo que ya vio. No la única ni la definitiva, simplemente una mirada más, escrita por alguien que mira mucho teatro y que tiene ganas de seguir pensándolo. De más está decir que la idea de “enseñar a apreciar el teatro” a través de la crítica me parece horrorosa.

Creo, sí, que en este segundo caso la crítica tiene una función más interesante, porque siempre enriquece sumarle metadiscurso a los discursos. Al menos a mí, como espectadora, me pasa eso. El mapa me puede resultar tan atractivo como el territorio (y a veces más).

En medios más especializados y en medios digitales, esta función metadiscursiva cobra todavía más fuerza porque somos muchos los que, antes o después de entrar a la sala, googleamos un espectáculo y comenzamos a pensar a partir de lo que otros pensaron ¿Si una crítica sirve para llenar salas? No, no creo. Sí me consta que después de una reseña elogiosa en La Nación hay mucha gente que llama a los teatros para reservar entradas y ver una obra. Pero ese pequeño gran boom puede durar una o dos semanas. El boca a boca puede mucho más que eso.

¿Qué diferencia a un crítico de un periodista cultural?

Uno de los géneros del periodismo cultural es la crítica periodística y, en ese sentido, hay críticos que también trabajan de periodistas y periodistas culturales que también hacen crítica. Dónde y cómo, exactamente, se delimitan una y otra disciplina, no lo sé, no me preocupa.

¿Puede un crítico ser además un artista?

¡Sí, claro! No creo que haga falta que lo sea como tampoco creo que una persona que conoce una disciplina desde la práctica sea necesariamente buena construyendo teoría sobre su campo de acción. Pero sí me parece que para cualquier crítico redundan en pura ganancia la adquisición de ciertas nociones más prácticas sobre el lenguaje que aborda y un conocimiento más profundo de su materialidad. A mí me gustaría, por ejemplo, saber más sobre iluminación teatral, sobre vestuario y escenografía para dejar de ver meros “signos” y comprender ciertas decisiones lumínicas y estéticas en su cariz más artesanal. Me prometo a mí misma que voy a hacer cursos al respecto cuando termine mi carrera.

¿Existe una nueva generación de críticos de teatro en Argentina? En caso que existan, ¿en qué medios circulan?

Sí, de unos años a esta parte surgió una generación de críticos no necesariamente jóvenes pero sí nuevos que tenían poca o ninguna experiencia escribiendo y que comenzaron a hacerlo hace relativamente poco, sobre todo en Internet. Por supuesto (otra verdad de perogrullo) los blogs y otras plataformas digitales ayudaron a que los espacios dedicados a la crítica crecieran exponencialmente y aunque no todo lo que se produce sea bueno –hay, entre otras deficiencias, mucha escritura acartonada y bastante reseñismo– la explosión me parece positiva. En primer lugar porque la única manera de mejorar es practicar mucho y para escribir y publicar hacen falta espacios (nadie escribe ahora como escribía hace diez años, por suerte nuestro estilo se va transformando). En segunda instancia porque la existencia de más críticos puede significar más intercambio. Por último, porque cuantos más seamos ¡más posibilidades tenemos de que surja un Messi de la crítica que nos inspire a todos!

¿Cuáles son los lugares de formación de los críticos? ¿existen por fuera de las universidades?

En el caso de la crítica académica, me parece muy difícil ingresar ahí proviniendo de otro lado, sin haberse formado en una universidad. El caso de la crítica periodística es distinto, hay muchos casos de gente que analiza y escribe muy bien y que no se formó en carreras de análisis literario, semiótico o artístico. No hay modelos únicos: hay mucha gente a la que el estilo universitario le pega un poco mal, le endurece irrevocablemente la escritura y esa no es una cuestión menor: una crítica debe ser leída con placer, me parece muy importante que sea una pieza elegante, fluida, amena. Pero, por lo general, la lectura de textos académicos y la incorporación de ciertas herramientas de análisis que ofrece la universidad siempre ayudan, aportan, mejoran y nos salvan de hacer críticas meramente impresionistas.

¿Por qué sos crítica?

Podría decir que me dedico a hacer crítica teatral porque encontré en sus géneros específicos (críticas, reseñas, artículos periodísticos) un terreno en el que confluyen varias cosas que me gusta hacer: escribir y comunicar (que no son necesariamente lo mismo) y ver teatro, mucho, todo el que puedo. Y, probablemente, no estaría faltando a la verdad pero estaría omitiendo una cuestión importante más vinculada al plano personal, escribir sobre una obra me obliga a pensar en ella más detenidamente. Mientras escribo pienso un poco más y un poco mejor sobre las cosas. Ese tiempo de mayor atención que me regala el ejercicio de la escritura es siempre positivo y, a esta altura, representa una de las pocas situaciones que me obligan a hacer foco. Sólo por eso, lo vale.

 

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