Beatriz Vignoli: “Los más comprometidos hoy con la literatura en Rosario son los editores”

foto por Erika Aristides 2012

Por Ana Vicini/ Foto: Erika Aristides/ Dibujos y archivo personal de Beatriz Vignoli

 Beatriz Vignoli nació en Rosario el 29 de enero de 1965. Es escritora, periodista, critica de arte y traductora. Tiene publicados varios libros de poesía,  Almagro (2000), Viernes (2001) y Soliloquios (2007), entre otros, y las novelas Reality (2004) y Molinari baila (2012) . En 2009 publicó  Kozmic Tango, un libro de crónicas sobre su barrio, en la zona sur de la ciudad, que el año pasado derivó en una película producida por Mala Frame y estrenada en el marco de la Semana de la Lectura de Rosario. Allí mismo, en uno de los 16 edificios bajos que rodean la plaza José Hernández, escenario e inpiración de casi todas sus historias, hablamos con la autora sobre su obra, su trabajo como critica cultural y su visión sobre la literatura rosarina.

Recientemente salieron tres libros tuyos, la reedición de Nadie sabe adónde va la noche y DAF, por la editorial Bajo la luna, y un libro de poesía, Lo gris en el canto de las hojas.

Si, el libro de poemas lo publicó Baltasara editora, que es una editorial rosarina, a comienzos de este año. Es nueva y es muy interesante la historia de la editorial. La dirige Liliana Ruiz, que es la hija de Laudelino Ruiz, quién tenía una editorial en los años ’30, acá, en Rosario. Ella retoma el proyecto del padre con varias colecciones, una de ellas se llama Patrimonio y está destinada a rescatar el fondo editorial de la vieja Librería editorial Ruiz. Además, está publicando autores contemporáneos rosarinos, en teatro publicó a Patricia Suárez y con mi libro inaugura la de poesía.

¿De qué año es la primera edición de Nadie sabe adónde va la noche?

Fue en el año 2007, yo para esa época empezaba con la publicación de narrativa.

DAF tiene un recorrido interesante. Circuló bastante antes de su publicación  y hasta tuvo una primera versión en internet…

DAF tiene una historia como muy rara. La empecé a escribir en 1991, como novela, con la idea con la que finalmente fue publicada ahora. Pero además, ese proyecto capitaliza intentos fallidos previos. También, incluyo y hago como una autocita en la novela de textos breves en prosa que escribí en la adolescencia. Hay un fragmentito en bastardillas en el final de la primera parte en el capítulo Música nómade. Ese texto es del año 1980, por ejemplo. Después, hice una serie de intentos de escribir novela que fueron fallando, pero hubo restos que pude conservar en este nuevo texto. Por ejemplo, los nombres de los personajes: Dadá. La idea de que el protagonista se llamara así fue una de las cosas centrales. Dadá simboliza el sinsentido, por el movimiento, la vanguardia artística del dadaísmo.

También hay todo un gran trabajo de investigación. Dadá tiene mi misma edad, fue adolescente en la misma época que yo, pero para poder escribir sobre la adolescencia de un varón hablé con amigos, conocidos, les preguntaba sobre ellos y sobre la época. Consulté todo el material que pude encontrar. Tengo en varias cajas todo ese material. Hay ficheros, dibujos, fotos, notas, papeles, papelitos, Hay muchos años de trabajo que disfruté mucho.

El primer capítulo lo escribí a comienzos del ´91 y lo publiqué el 29 de enero del 92 en la contratapa de Rosario/12 con el nombre de Generación inútil.

Contratapa Rosario 12_enero 29_1992

¿Todo se fue publicando en Rosario/12?

Sí, prácticamente todo. También en otros medios, pero la mayor parte se publicó ahí. La última contratapa salió en 1998. En el medio hubo una serie de baches, algunas se publicaron en el 95, el grueso en el 92. También, en el 2000, publiqué tres fragmentos de la novela en El Litoral, de Santa Fe. De eso es muy poco lo que entró en el libro. Uno se publicó en el diario El ciudadano, me pidieron un cuento de fin de milenio y publiqué la escena que termina siendo el final del libro. El libro termina con el milenio. Está ambientada en tiempo real, la noche del 31 de diciembre de 1999.

¿Cómo fue el trabajo de encarar la edición y publicación de la novela después de tantos años?

Difícil. Imaginate que una cosa es leerlo fragmentariamente semana a semana en un diario, pero el libro tiene que fluir, lo tenés que poder leer de un tirón. Mis otros libros, en general, se leen así. Tienen un relato ágil, un lenguaje más o menos sencillo y fluyen. En DAF, en cambio, había toda una zona de monólogos interiores muy melancólicos donde yo sentía que la lectura se empantanaba. Yo lo releía y sentía eso. Lo que más trabajé fue esa parte, reordenar los capítulos para que el texto fluya.

Dadá 1 y 2

Dadá 3 y 4

Hay algo un poco lúdico alrededor de toda tu obra y del proceso creativo ¿Vos preferís encararlo así?

Es que me parece que jugar es lo único que se puede hacer a esta altura con la literatura. La novela ya fue escrita. El género ya está inventado, ya tiene sus obras y sus representantes. Ya tuvo su época y ya respondió a las necesidades y visión del mundo de ella. Como que seguir escribiendo novela hoy es una apuesta que me parecería un poco desatinada si uno se lo toma tan profundamente en serio, como si toda esa historia no existiera o como si uno estuviera inventando el género de nuevo.

Igual, seguir escribiendo novela puede ser que tenga algún sentido. Me parece que, principalmente, lo más sensato es darle un sentido lúdico. Sin dejar de tomárselo en serio, porque el juego es algo muy serio. ¿Viste que los chicos juegan muy seriamente? Entonces, retomarla como juego no es tomarla en joda. Es seguir confiando en la escritura como un dispositivo que permita decir algo propio, contar algo de lo que nos pasa. A mí, que lo escribo y al lector que espero que se identifique, que le resuene como suyo.

¿Con la poesía te pasa lo mismo?

No, la poesía es para mí mucho más seria, más solemne y tiene que ver con la música. Mucho. Me deprime la deliberada falta de solemnidad en la poesía. A mí me gusta escribir mi poesía en un tono trágico y litúrgico. Que sean palabras necesarias. Que el poema sea lo menos que se puede decir acerca de algo. Mi manera de componerlo es a partir de una sensación, una palabra, una idea y a todo eso le voy buscando y encontrando una melodía. Primero una melodía, después un ritmo y ahí voy alargando y acomodando las palabras para que funcionen diciendo eso que se me ocurrió. Que llegue al lector como una música, que sea lo más breve posible y que cumpla con su cometido con la máxima economía de palabras…

Como un golpe…

Sí, eso. Es un tiro. Es así. Para mi la eficacia de la poesía es la eficacia del arma. Yo hablo de eso en un poema: “Haría falta un metal más que asesino / un metal resucitante”. Ese es un poema del libro Viernes. Y hay otro poema en ese mismo libro, muy cortito, que se llama Sra. Robinson. Son sólo tres versos: “Escribo / Escribo a máquina / Cada letra es un disparo en la noche.”

Toda tu obra está atravesada por la música. Rojas, el protagonista de Nadie sabe adónde va la noche, es un melómano fanático y el protagonista de DAF es o intenta ser  músico…

La música es la musa de mi escritura, siempre. En Nadie sabe adónde va la noche las dos musas son Leonard Cohen y Beck Hansen . Ese libro lo escribí escuchando música, escuchando a Cohen y cuando se me terminó empecé a buscar y encontré un tema de Beck, Debra, y a partir de ahí seguí escribiendo. Incluso, hay una parte de la novela donde traté de hacer coincidir el tiempo de lectura con el tiempo de escucha de la canción , o sea, si vos estás leyendo y ponés el tema -la versión en vivo que está en You Tube, que dura 7 minutos- si en el momento en que Rojas prendé la vitrola, vos ponés el tema , se supone que en un tiempo normal de lectura vas a llegar a escuchar cierta frase de la canción en el mismo momento en que está citada en la novela, que es cuando la escucha Rojas. Funciona. Está la nota al pie con el link.

Y en DAF todo el tiempo está presente el rock, sobre todo ciertas bandas: Led Zeppelín, rock pesado, rock sinfónico, Génesis. La música en DAF es más que música, es acontecimiento.

La música es la vocación a la que medio que renuncié. Me gustaba la música, dibujar y escribir. En una época pinté, dejé de pintar pero sigo dibujando y escribiendo, obviamente. Y la música fue una cosa que hice durante mucho tiempo y dejé, entonces, aparece de manera constante y obsesiva en lo que escribo. En DAF cuento la historia del fracaso de un músico porque es el más estrepitoso de los fracasos. Fracasar dibujando es muy leve, si no podes ni agarrar un lápiz, mejor ni lo digas, con la literatura es también un poco así, pero un músico que fracasa es como una catedral que se derrumba, ¿viste? Algo tremendamente grande que cae…

Autorretrato por Bea Vignoli sobre foto por Seba Basualdo 2014

Como periodista y crítica sos un referente de la cultura de la ciudad, ¿cómo ves el circuito y la movida literaria de Rosario?

La movida de Rosario, sobre todo, más que una movida de escritores, es una movida de editores. Los más comprometidos hoy con la literatura en Rosario son los editores, los pequeños editores. La gente del Ombú Bonsai, por ejemplo. Son nada más que tres tipos y funcionan como una editorial. Descubren autores, publican textos de gente de acá. Algunos realmente muy buenos. Marcelo Britos o Federico Ferroggiaro, los dos son autores de ellos, son tipos que están haciendo una literatura muy seria. Gente que se toma tremendamente en serio el trabajo del escritor. Lo mismo Javier Núñez que es contratapista de Rosario/12. Ese es otro espacio maravilloso para la literatura. Hay ficción, y con muy buen criterio. Está editado por gente que sabe y que tiene sensibilidad para la lectura.

Otro caso interesante es Erizo editora. Hace poco sacaron un libro de Francisco Sanguinetti muy bueno, Los teleféricos. Después hay una mujer que es genial. Figura y circula como la Leti, hace poesía, cuento breve, escribe como más allá de los géneros y autoedita y publica sus propios libros y también a otra gente.

Todo esto se sostiene gracias a un circuito de ferias, los editores le ponen mucho el cuerpo a este circuito. Van adonde sea. Un poco lo que eran los comerciantes en la baja edad media. La edición independiente en Rosario tiene el ímpetu y la precariedad de lo que fue el capitalismo en sus inicios. Es conmovedor en algún punto. Lo que a mi me da mucha bronca es que se dependa tanto de la patriada. Los directores de colección hacen como su gran patriada uno, dos, tres años y se agotan, no les da más el cuerpo, y  todo eso se pierde.

Y por otro lado, no todos los autores están a la altura. Hay autores que como los que te nombré se toman realmente en serio el asunto, que realmente están buscando dejar una marca, y después hay otros que no, que pasan por un taller, por otro,  eventualmente publican un libro. Uno.Y entonces, tienen su doble página en el suplemento Señales de La Capital, la foto , y son Borges y Bioy en uno. La literatura local actualmente aparece como bastante caótica.

¿Por qué creés que pasa esto?

No sé qué es lo que realmente pasa. A lo mejor hay muy poco criterio editorial, algunas editoriales tienen mejor criterio que otras. En ese punto decís: si, acá hay movida, hay un circuito, hay ferias, hay ediciones independientes, ¡qué lindo! Pero no hay políticas culturales, no hay políticas editoriales, no hay una mirada seria de parte de la gente que tiene la obligación de cuidar y velar por la cultura. Una mirada que sepa distinguir lo bueno de lo malo. Hay mucha ignorancia y muy poca responsabilidad en las políticas editoriales y culturales de la gente que debería tenerla.

Si querés crear un canon tenés que aceptar que, lamentablemente, hay unos que son mejores que otros, están los buenos y están los no tan buenos. Eso es así. No hay una línea divisoria entre obra y producción, cualquier producción hoy pasa por obra, cualquier texto pasa por literatura, porque los editores no tienen la más pálida idea o no siguen a los autores, no están hombro a hombro viéndolos pelear. En este sentido, la gente de la editorial Iván Rosado trabaja muy bien. Están en el terreno, saben. A ellos no se los puede engañar tan fácilmente, por ejemplo.

Mientras no haya un criterio no va a pasar absolutamente nada. Otro problema es que no hay críticos, la pata que está faltando, la que podría hacer esa diferencia -para bien o para mal, nos guste o no- sería la Universidad. Si los académicos de Rosario, que está muy bien que estudien la Literatura medieval, no digo que no, además, estudiaran Literatura de Rosario, se la jugaran con alguna opinión sobre algún autor local, yo creo que ahí se empezaría a ver alguna diferencia que pueda permitir empezar a hablar de alguna tradición. Pero como es tan difícil hacer ese trabajo, directamente no lo hacen. Es más fácil desechar en bloque todo lo local por considerarlo dudoso de valorar.

¿Qué te parece el trabajo que lleva adelante la Editorial Municipal de Rosario?

Trabaja bastante y muy bien. Es algo para rescatar el trabajo que realiza. Sacan autores de la zona, muchos de acá, pero están apuntando bastante a la región y eso me parece que está muy bueno. Y también están apostando a los jóvenes. El problema es que no pueden dar cuenta de todo. El trabajo de la EMR se complementa con el trabajo de las editoriales independientes de las que hablábamos antes.

Yo creo que a nivel provincial están faltando buenas políticas culturales. De hecho, está Espacio Santafesino, los subsidios a la producción. Todo eso existe, hay políticas culturales, pero carecen de una estrechez, adolecen de una visión. Falta una política cultural con una visión de conjunto y a largo plazo.

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