Teresa Gatto: “La crítica es inmanente a la obra”

revistaTonicaTeresa Gatto estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires. Es directora general de la revista de artes escénicas, Puesta en Escena, un espacio de relevamiento del teatro argentino y latinoamericano. Fue curadora del Ciclo Teatro X la Identidad 2014 y jurado del primer Festival Nacional de Teatro Sobre Violencia de Género que se realizó en 2013 y jurado del Premio Argentores para Teatro y Comedia Musical 2011. Además, es miembro fundador del Espacio Blanco Leis para la formación e investigación teatral para el actor a cargo de Sebastián Blanco Leis, último discípulo de Carlos Gandolfo.

¿Qué es un crítico de teatro? ¿Qué función tiene?

Para definir a un crítico o a “la crítica”  siempre pienso en  Walter Benjamin y en su concepto de criticabilidad. Y ese concepto  incluye a la crítica dentro de la propia obra y que de alguna manera la obra la reclama desde su concepción. Es como si cada obra pidiera desde su propia organización interna la cuestión crítica. Incluso es criticable por fuera de la crítica. La crítica es inmanente a la obra y, por ende, un crítico trata de reponer un sentido posible problematizando cuestiones que tienen que ver con su contexto de producción y de circulación lo cual lo vincula a la noción histórica.

En cuanto a la función, está un poco difuminada pero ello obedece a la superpoblación de publicaciones de todo tipo en la que las redes influyen y mucho. De modo que en muchas ocasiones se confunde crítica con reseña o con opinión. Pero está bien que todos convivan. Nadie se sube a escena para pasar desapercibido. En un punto todo enunciado sobre la obra es bien recibido. Entonces en la tarea de difusión conviven los críticos, los periodistas de espectáculos, los propios artistas que alaban el trabajo de sus compañeros y hasta algún posteador compulsivo. El fenómeno teatral tiene esa condición cuasi folclórica de que todos pueden opinar y eso lleva a tremendas confusiones. A veces, porque no queda delineada la diferencia entre crítica y opinión. Dado por la ausencia, a veces, de aparato teórico crítico, asistimos a valoraciones del tipo “bueno”, “malo”, regular”.

¿A quién le interesa la crítica? ¿Quiénes las leen?

La crítica le interesa a todos lo que hacen arte. Luego, uno puede decir que de acuerdo al tipo de crítica que hace tiene este u otro público. En mi caso, la experiencia muestra que nos  leen muchos artistas y esto refuerza lo que decía sobre la criticabilidad bejaminiana. Es como si esperaran que completemos de algún modo ese constructo intelectual que llevaron adelante. También hay mucho público interesado pero no es el que busca en los diarios. En general, observando nuestro perfil de suscriptores, vemos que circulan por determinados círculos o circuitos e incluso se comunican con nosotros y allí vemos cuánto de nuestro trabajo llegó y cómo lo ha hecho. Nos leen los propios artistas, los estudiantes de teatro y por supuesto ese público exigente que ve en el teatro off el gran reservorio de talentos que después, tal vez, se vuelva masivo.

¿Qué incidencia tiene en el público?

La incidencia de la crítica en el público es poca porque no es valorativa. La gente abre un medio en el que califican con diversos íconos y muchas veces aunque el cuerpo de la nota no coincida ni con la calificación ni con el copete, no van si es sólo “buena”, ni hablar del “regular”.  Como la crítica no es valorativa en estos términos, no incide en lo más mínimo. Sí incide, lo hace en un círculo muy pequeño. Pero en las ligas comerciales, hay mucha ausencia de crítica.

¿Qué diferencia a un crítico de un periodista cultural?

Es difícil de responder porque lo que los diferencia a todos es la formación, la biblioteca y el aparato crítico que se maneja. Roberto Arlt no era egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA  ni de Ciencias de la Comunicación y era un periodista increíble. Hay gente que salió de Puán y está en programas de chismes y es válido. La gente debe vivir de algo. Pero hay algo que sí es claro, uno es lo que lee y lo que hace con lo que lee. Es odioso diferenciar. Creo que lo mejor que pasa cuando uno trabaja es que la diferencia la hacen los que leen

¿Puede un crítico ser además un artista?

Sí, obviamente. Puede serlo. Sin noción crítica no se puede elaborar una obra de arte. Los hay muy lanzados que no la tienen y hacen cosas maravillosas. Pero ¿no la tienen o no la muestran? Es frecuente recibir del otro lado respuestas del tipo “no pensé en el mensaje” o “no me propuse tal o cual cosa” y allí creo que incide el concepto de ideología que se confunde siempre con una bandera. El lenguaje es ideológico por lo tanto la obra de arte lo es y quien lo hace posee una ideología determinada en torno al arte.

¿Existe una nueva generación de críticos de teatro en Argentina? En caso que existen ¿En qué medios circulan?

Sí, existe y circula mucho. Se gana la vida en su propio medio a través de publicidad (los menos) o escribiendo en medios masivos. A veces es difícil descubrirlos para los que no están en el medio porque los confunden con periodistas, pero sí existen y los hay excelentes. Y duplican su tarea, pues escriben algo legible para el gran público y luego problematizan en medios especializados.

¿Cuáles son los lugares de formación de los críticos? ¿existen por fuera de las universidades?

A primera lectura creo que un crítico se forma en la Academia pero no descartemos nunca una lectura propia sistematizada que en una mente brillante logre aquello que nadie logra en 10 años de universidad. Lo que es una condición sine qua non es que debe poseer aparato crítico y el aparato crítico deviene de la teoría que sobre las artes se escribe desde el origen de los tiempos. La poética de Aristóteles es la primera, tal vez.

¿Por qué sos crítico?

Soy crítica por formación y por deformación. Distintas cuestiones de índole personal me llevaron al teatro como espacio de catarsis y de allí, a poner en acto el aparato crítico que devoré en la carrera de Letras no hubo mediaciones. Confieso que al principio me parecía que era lo mejor que podía hacer como un hobbie porque la literatura, mi  amor mayor, se había esfumado de mi horizonte como norte. Pero ahora estoy alternando de nuevo y he descubierto que mi amor por los textos está intacto y que el teatro es un amor sosegado y calmo que me permite poner en funciones a esa lectora crítica porque el lenguaje teatral poblado de signos sigue teniendo en mí a una defensora del texto a ultranza pero, como dice la gente de Argentores, sin autor no hay obra, aunque Barthes, a quien admiro de modo profundo, haya dicho que el nacimiento del lector se paga con la muerte del autor.

 

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