Nara Mansur: “El mercado laboral deja a la crítica afuera”

NaraMansur

Nara Mansur es una poeta y crítica de teatro cubana. Licenciada en Teatrología de la Facultad de Artes Escénicas del Instituto Superior de Arte de La Habana, Cuba. Fue editora de la revista Conjunto dedicada al teatro latinoamericano y editada por la Casa de las Américas. Actualmente reside en Buenos Aires, dictó talleres de crítica de teatro en el CEC junto a Celia Dosio y es investigadora becaria del Área de Ciencias del Arte del Centro Cultural de la Cooperación. Mañana es cuando estoy despierta, editado en 2000, Un ejercicio al aire libre, publicado bajo el sello Editorial Letras Cubanas, 2004 y Desdramatizándome. Cuatro poemas para el teatro, dramaturgia, Ediciones Alarcos, 2009, son algunos de sus libros publicados.

¿Qué es un crítico de teatro? ¿Qué función tiene?

Me lo pregunto todo el tiempo. También me pregunto ¿Qué es ser escritora? ¿Qué/cuánto hay que escribir para ser eso? ¿Por dónde hacer circular los textos para “ser” un escritor, un crítico? ¿Cuánto amar para ser amante? Los roles del crítico cambian, los contiene o los puede contener en momentos, contextos, equipos diferentes. Cambia la función del crítico (de la misma persona) cuando es editor de una revista, cuando escribe una crítica puntual sobre una función que vio la noche anterior, cuando forma parte de una redacción que se piensa como equipo con un fuerte contenido editorialista, cuando trabaja en la más absoluta soledad, cuando acompaña procesos artísticos durante un tiempo prolongado y su crítica es participante, testimonio. Se prepara, se documenta, utiliza sus ideas, se muestra de forma distinta. Pero la palabra ideas me parece fundamental: el crítico tiene que tener ideas, trabajar con ellas, construir discurso crítico, ideología con ellas (quiero decir, ideas propias). Otra función es la de instruir, que no significa adoctrinar. Personalmente pienso que hay una necesidad de pensar la crítica como se piensa la literatura: esa necesidad de eficacia del texto, de belleza, de fabulación, de conceptualización.

¿A quién le interesa la crítica? ¿Quiénes las leen?

Creo que a todos aunque parezca que a nadie. Mucha gente la lee, los artistas quieren que reconozcan encomiasticamente su trabajo, su esfuerzo. Los espectadores también quieren saber datos concretos, encontrarse con una voz ¿autorizada?, orientarse. Hay mucha información y parece todo lo mismo. Es grande la confusión, el malentendido permanente en el que vivimos. La información libre, gratuita, circula mucho más y no quiere decir que sea menor su valor. Por otro lado, las instituciones parecen cada día más replegadas, cuesta saber qué crítica de arte le interesa llevar adelante a tal grupo de investigación, a tal editorial o revista, a tal institución cultural pública o privada. Parece todo lo mismo.

Hay poco espíritu de debate, de polémica, de encuentros de gente diversa, posicionada desde distintas ideologías/idearios y tendencias artísticas, entonces cada cual elige quedarse en un sitio seguro con amigos o personas afines; autoafirmarse, quizá porque el afuera es bastante hostil. Se dice… como una cultura del gueto o más, porteñamente hablando, del kiosco.

Una cosa que me pasaba cuando viajaba como jefa de redacción de Conjunto era que cuando me reunía con los artistas al final de una función, sentía que querían de mí una especie de evaluación, como si uno fuera un médico que pudiera recetar tal fórmula, tal pócima mágica, detectar “lo maligno”. Y no es así, la verdad es que yo en esos momentos lo que más tengo son preguntas. Creo que muchas de estas preguntas y asociaciones del crítico, sí es un espectador muy entrenado, forman junto a la obra y los artistas una experiencia específica a la que le tengo mucha fe y que es parte de un proceso de construcción colectiva que es el teatro.

¿Qué incidencia tiene en el público?

Pienso que la crítica que incide en el público es la periodística, la que juzga, califica, evalúa, pone estrellas. Es muy fácil orientarse así y decir sí o no, me gusta o no me gusta, comparto o no comparto. Hay pocas instancias de encuentro con el público a partir de  la crítica, es decir, reconocibles, institucionales, educativa. Queda más librado al azar, a la iniciativa individual y a la lógica del poder.

¿Qué diferencia a un crítico de un periodista cultural?

Creo que el rótulo lo da el medio, siempre la mirada del afuera sobre el sitio de pertenencia o desde donde se produce la crítica. Pero un periodista cultural puede ser un crítico y viceversa. Y también un investigador. Lo que sucede es que las instancias de la gestión y la promoción parecen protagonizar una trama donde el mercado laboral deja a la crítica afuera, al pensamiento crítico, a la reflexión. Buenos Aires es una ciudad donde existe la tradición de la formación artística aficionada y cuesta mucho la profesionalización. Los estudios o talleres privados de los artistas están llenos de psicólogos, contadores, de gente que puede adornar su vida con unas horas semanales de “arte”, igualmente ese grupo heterogéneo (¿heterogéneo?) es el que más consume cultura (como consume Prüne, cocina de autor, Disneylandia).

La persona-crítico es la que es distinta, su formación, lo que le interesa hacer con esa formación, los vínculos que establece, lo que propone a su sociedad como su trabajo, la vida profesional que se inventa. No hay malas palabras aquí: admiro a determinados periodistas, críticos, investigadores, gestores culturales. A veces una sola persona cumple todos esos roles y otras no, se queda en una determinada parcela del terreno y desde ahí acciona, actúa.

¿Puede un crítico ser además un artista?

Sí, un crítico puede ser un artista. Y los artistas (conceptuales) han sido de los críticos más lúcidos e inspiradores. Críticos en tanto producen pensamiento crítico, instancias de reflexión, complejidad a nuestros argumentos y no porque publiquen notas necesariamente. Los artistas producen crítica todo el tiempo en sus estudios o talleres, cuando dan clases pero esa crítica circula en esos espacios y para ellos es suficiente, no sienten la necesidad de “fijar” esas palabras en ningún otro soporte.

¿Existe una nueva generación de críticos de teatro en Argentina? En caso que existen ¿En qué medios circulan?

Circulan por todos lados. Hay investigadores, periodistas, que publican sus textos en diversos soportes: libros de corte académico que reúnen ponencias o papers, hay notas en diarios, revistas, blogs. Lo que no distingo claramente es un corte o un gesto de cambio en relación a la crítica anterior. Me da la impresión de que se siguen viendo modelos muy muy fuertes que se siguen imitando o funcionando como pautas (¿dogmas?) para que ese manto o techo te proteja, te cobije. Y el rol de las instituciones, de las revistas, de las editoriales, es hacer de la emergencia que propone un cambio (no de la domesticada)  una nueva estética, del chirrido, música. No puede quedar librado al poder de turno, a la iniciativa personal que termina siguiendo una lógica empresaria.

¿Cuáles son los lugares de formación de los críticos? ¿Existen por fuera de las instituciones formales?

El crítico se hace a sí mismo más allá de una formación específica, se inventa su propio entrenamiento. Puedo contar de cómo me formé en Cuba: en el Instituto Superior de Arte, en la Facultad de Artes Escénicas nos formamos actores, directores, diseñadores, dramaturgos y teatrólogos en un mismo lugar, con clases comunes, en el marco de una enorme crisis económica que no ha parado. El programa de estudios era el mismo para todos los dos primeros años de la carrera. La licenciatura en Teatrología existe en Cuba desde la fundación del ISA en 1976. Creo que la crítica evoluciona, se transforma, es profundamente local, se posiciona, tiene identidad en relación a la producción artística desde donde se genera, de cómo se piensa en la sociedad a la que pertenece. En Cuba, por ejemplo, esa licenciatura tuvo sus orígenes en el deseo, la fe, de un periodista/historiador del teatro como Rine Leal, la crítica de arte Graziella Pogolotti y el crítico (sobre todo de cine) y por un tiempo rector Mario Rodríguez Alemán. Es decir, para mí lo interdisciplinario es algo natural, así como pensar la crítica teatral desde el ámbito artístico y no de los estudios filológicos. Creo que la clase de actuación fue fundamental para mí, construir escenas, desmontarlas, aprenderlas a mirar, a leer, en un grupo donde todos hacíamos de todo.  Asimismo, mientras estudiaba en el ISA, me iba haciendo escritora, poeta sobre todo. La crítica (entendida en un sentido amplio: notas editoriales, reseñas, entrevistas, ensayos, etc.) que más me ha gustado  es la que se puede encontrar en revistas como han sido El Público, Primer Acto, Tablas, The Drama Review, Conjunto, Paso de gato, El tonto del pueblo, entre otras.

¿Por qué sos crítico?

Porque me gusta contar lo que me pasa cuando voy al teatro; escribir, elaborar algo con eso: puntos de vista, asociaciones, cuestionamientos. Crear una instancia para que el otro (el lector, el interlocutor) participe, entre al juego, se haga preguntas él también. Y, sobre todo, porque tengo una gran vocación política, creo que es lo fundamental en mi caso.

 

Anuncios

1 reply »

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s