“El” feminismo no existe

Por Leticia Martin

Florencia Angilletta es periodista, crítica cultural y docente. Estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, donde participa de la cátedra Teoría Literaria III, investigó en el Centro Cultural de la Cooperación (CCC) y fue becaria del Fondo Nacional de las Artes. Sus artículos han sido publicados en diversos medios especializados y su interés gira en torno al estudio de los vínculos entre la comunicación y los géneros. Dictó cursos de literatura y feminismos en el Centro de Estudios Contemporáneos y en la Fundación Centro Psicoanalítico Argentino. También está atenta a las representaciones femeninas que suelen responder a la visión de los sujetos dominantes de una sociedad que denomina como “patriarcal”. Conversamos con ellas algunas cuestiones.

¿Qué es el feminismo antes del feminismo?

Hay cierto consenso en el pensamiento feminista de historizar y proponer al feminismo como un movimiento político cuya emergencia coincide con la Ilustración y la Revolución Francesa. El sintagma “el feminismo antes del feminismo”, entonces, tiene al menos dos acepciones posibles. La primera es más bien sencilla e intenta mostrar –como mucho abultado trabajo de archivo señala– que el “protofeminismo” comprende muchas “mujeres” y “varones” que en distintos momentos de la historia de la humanidad lucharon por modos de producción de subjetividad alternativos. La segunda acepción visibiliza los modos en que, desde tiempos remotos hasta la actualidad, las personas construyen formas de disidencia, no siempre contenidas por todas las expresiones feministas. Las transacciones de muchas amas de casa, por ejemplo, son excelentes casos de feministas no siempre reconocidas por las líneas canónicas del feminismo.

En uno de tus seminarios sostenés que *el feminismo no existe*. ¿Qué quiere decir ese enunciado?

El enunciado quiere decir algo muy simple: “el” feminismo no existe. Porque no existe en singular. Por eso insisto tanto en referirnos a los feminismos, en plural. Y no lo pienso como un simple cliché lingüístico: me parece que la visibilización de la pluralidad del feminismo ayuda a mostrarlo como un espacio de consenso, pero también como un espacio de guerra, de fantasías, de poder, de hegemonías y contra-hegemonías y de frustraciones. Si no hubiese litigio “dentro” del feminismo, no podría existir como espacio político. Porque lo político por definición, tal como señala Rancière, ancla en el desacuerdo. Por eso detesto esa representación lavada del feminismo, como un espacio de total acuerdo y armonía teñido de rosa clarito.

048

¿De qué nos liberamos las mujeres cuando “nos liberamos”?

De muy poco. La tan publicitada “liberación femenina” fue un refrescante ejercicio de ciencia ficción, que cambió algunas pautas, algunos lenguajes, algunos acuerdos específicos pero que reimprimió nuevas expectativas y estándares a la socialidad, la convivencia y el sexo. Muchas “mujeres” fluctuamos entre preferir algunas de las obligaciones/derechos de los acuerdos previos –que los varones cedan el asiento en el transporte público–, o preferir radicalizar las obligaciones/derechos de las ficciones igualitaristas. Varios de los escritores y escritoras más interesantes del siglo XX como Houellebecq, Preciado y Coetzee exponen en sus obras las esquirlas infecciosas de las contradicciones de estos procesos.

¿Creés que una sociedad *heterocentrada* –tomo el término de Beatriz Preciado– es una sociedad que debemos abandonar? 

La sociedad heterocentrada, al menos en sus prácticas más virulentas, es una sociedad que creo ya hemos abandonado. Básicamente por tres fenómenos muy progresivos que se han radicalizado en el siglo XX: las “mujeres” hemos ganado el espacio público, la heterosexualidad va perdiendo su hegemonía y las masculinidades han entrado en una profunda crisis. Por supuesto, no son procesos completos ni plenos pero sí sintomáticos de una vertiginosidad en los cambios inaudita en siglos anteriores.

¿Qué es lo que viene después?

Muchas lecturas epigonales de la “posmodernidad” postulan la fantasía de que la sociedad pueda organizarse sin ningún centro. Yo prefiero pensar que el centro existe, pero que vivimos en una guerra cada vez más justa por apropiarnos del centro –en la cama, en la escritura, en los kilos, en las banderas, en el dinero–.

¿Creés que podríamos vivir sin las normas?

Incluso en el amor, incluso en el cuidado, incluso en la ternura más genuina hacia por ejemplo, un niño o un abuelo, hay espacios de negociación y tensión. Ni siquiera hay que usar ejemplos tan sofisticados como los de las reglas de tránsito. Hay una ponderación siniestra de la “espontaneidad” que me parece peligrosa. ¿Qué es ser yo misma? No es menor, porque muchas veces la supuesta espontaneidad puede transformarse en una excelente ocasión para la reificación de la norma.

¿De qué modo opera el falo-logocentrismo sobre el género femenino? 

Muchos autores de la mal llamada posmodernidad como Barthes, Derrida, o Foucault, han contribuido, de modo más o menos indirecto, a la emergencia del concepto “falologocentrismo”. En los feminismos, las aguas se dividen entre el pensamiento del sistema sexo/género –de tendencia anglosajona– y el pensamiento de la diferencia sexual –de tendencia europea continental–. Hacia fines de los 90, el pensamiento de Butler –no es la única, pero es la autora hit– y el de Braidotti retuercen estas divisiones. Braidotti, en especial, conceptualiza el “falologocentrismo” entendido como un sistema logocéntrico y falocéntrico. Mientras que en el logocentrismo la subjetividad está atravesada por el “ingreso” al lenguaje y centrada en la razón, en el falocentrismo los varones son asimilados a una postura universalista y a las mujeres “se las limita a la especificidad de su género” (Braidotti, 2004: 126). En este sentido, esta teoría plantea “redefinir la subjetividad femenina” (Ibíd.: 22)

041

¿Cuál el principal problema en la construcción de *masculinidad* del Siglo XXI?

Todos. Y muchas “mujeres” y “varones” se están ocupando. Entre otros, señalo que la ficción igualitarista no ha producido formas eficaces de cortejo. Hasta los perros que se huelen el culo ejercen entre ellos formas más sutiles de conocimiento. Las narrativas transitadas del amor son obsoletas para este mundo, un poco más bello, en el que vivimos hoy.

¿Cabe alguna responsabilidad o habilidad a la mujer que elige vender su cuerpo en la calle o su imagen en los medios? ¿Es siempre una víctima?

En los debates feministas contemporáneos hay, a grandes rasgos, dos líneas de pensamiento: las que abogan por el abolicionismo y las que abogan por el reglamentarismo. Si me tiran contra las cuerdas, mi forma de vida está con el reglamentarismo. No obstante, más allá de esta díada amigo/enemigo, me parece interesante legitimar y horadar ciertas experiencias que desestabilicen lo conocido. Sin dudas, las redes de trata, la esclavitud sexual o la pedofilia son acciones de por sí condenables, pero muchas veces la rapidez en la condena “moral” inhabilita reflexiones en torno a otras prácticas más porosas. ¿Por qué utilizar el mismo laboratorio de pensamiento para defender a una víctima de una red de trata que a una “botinera”, a un “gato”, a una “actriz porno”, a una “escort”, o una “mujer” que prefiere la minifalda al pantalón? Hay que luchar también por otros protocolos de lectura.

¿Cuál es a tu juicio la forma de violencia hacia el género femenino que habría que atender con más premura?

Las “mujeres” que se pasan el día hablando mal de otras minas. Es decir: la dificultad que tenemos las “mujeres” para ser amigas entre nosotras. La amistad femenina es una experiencia del ámbito público inédita que hemos conquistado en el siglo XX, pero que nos falta potenciar, defender, aumentar. Y ejercer mayor fraternidad entre todas aunque elijamos diferentes formas de vivir, de conquistar, de acordar o de criar.

¿En qué situaciones te sentís cosificada (vos, no otras mujeres)?

En muchísimas. Menciono sólo una: cuando mis amigas me dicen “qué flaca que estás”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s