“No se le puede pedir a un crítico objetividad pero sí honestidad”

10398810_100960076582094_3010509_nVerónica Escalante nació en Buenos Aires en 1978. Estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires. Desde hace varios años se desempeña como docente de Literatura, prácticas del lenguaje y talleres en diferentes establecimientos educativos delNivel Secundario. Es editora y escribe en la sección de Teatro de Leedor.com.

por Natalia Gauna

 

¿Qué es un crítico de teatro? ¿Qué función tiene?

Es difícil, sin caer en grandes e intrincadas teorizaciones, hablar sobre qué es un crítico o, en otros términos, qué es la crítica. No hay una sola forma de “hacer” crítica o de “ser” crítico. Existe la crítica académica, la periodística, una crítica más periférica (ligada a nuevos espacios de difusión/expresión como son los blogs) que pueden combinar (o no) métodos o estrategias de las otras y podríamos seguir. El panorama se complejiza aún más si pensamos en contextos de producción de la crítica, en el modo en que ha perdido espacios en los grandes medios de comunicación, en la pérdida de legitimidad. En parte porque se avala cada vez más a opinólogos oportunistas, en busca de entradas gratis. Cualquiera se dice crítico. De todos modos, podemos desplegar algunas ideas, sabiendo siempre que se trata de apreciaciones parciales o incompletas.

El crítico es ante todo una persona. Parece una tontería decir esto pero, a veces, no está mal recordarlo, recordárselo a uno mismo cuando se piensa dueño de una verdad absoluta ni a los demás (por ejemplo, a los artistas) cuando creen que se acaba el mundo o que el crítico es un verdugo por alguna crítica negativa. Un crítico, repito, es una persona y como tal va ligado irremediablemente a su subjetividad (su formación, su visión del mundo, su contexto cultural, sus gustos, etc.). Construye una posible lectura de un hecho teatral, una mirada parcial y, por ello, una verdad relativa.  Quizás lo importante sea abrir un diálogo con otras miradas, con otras lecturas de otros críticos, de otros espectadores, posibilitar otras reflexiones, otras construcciones de sentido. Sí, el crítico es un espectador pero un espectador especializado, su especialización tiene claramente que ver con la formación pero también con el ejercicio de un oficio. Ver todo el teatro de todos los circuitos que sea posible debería ser su condición de existencia. Conocer lo que pasa, las nuevas tendencias, el pasado, no hablar por boca de jarro sino investigar, curiosear, leer a otros críticos debería ser parte de su bagaje. Creo que no se le puede pedir a un crítico objetividad pero sí precisión, honestidad aunque en principio no podamos comprobarla, esas cosas se saben. Creo que su formación no debería terminar nunca.

¿A quién le interesa la crítica? ¿Quiénes las leen?

Depende de qué críticas estemos hablando. Toda publicación construye su lector modelo. Por ejemplo, Leedor, desde su línea editorial, pretende un lector avezado, curioso, que no busca soluciones sino más bien preguntas que lleven a nuevas inquietudes, nuevas búsquedas. En las críticas teatrales eso supone específicamente no pretender hacer algún tipo de traducción de la obra (que un “iluminado” le brinda a otro que no puede hacerla) sino más bien de plantear una lectura posible entre tantas (incluso entre la del propio lector) que permitan abrir un diálogo.

A los teatristas supongo que les debe interesar. Creo que algunos aprovechan ese “intercambio” con el crítico para seguir “pensando” la obra. Otros se enojan si no coinciden con su mirada, otros las desestiman. Hay de todo. Me da la impresión de que, en algunos casos, les interesa más la mera difusión que la crítica propiamente dicha. Es notable la cantidad de pedidos de “ayuda de difusión” que se reciben a diario. Desde ese punto de vista, daría lo mismo publicar una gacetilla que tomarse el tiempo de escribir una reflexión.

A los críticos debería interesarles la crítica, quiero decir, debería interesarles leer a otros críticos. Me parece un ejercicio enriquecedor estar atento a todo lo que se escribe, un poco también para no sentirse el centro del universo y no andar descubriendo la pólvora a cada instante.

¿Qué incidencia tiene en el público? 

No existe un público, existen públicos diversos. No podemos hablar en términos tan generales. Teniendo en cuenta eso, uno podría arriesgar una respuesta, siempre dudosa, siempre parcial, y esa respuesta es no. O por lo menos, esa incidencia es muy débil pero deberíamos entrar en profundos análisis sobre porqué y en relación a qué un determinado público elige lo que elige. No sabría cómo hacerlo.

¿Qué diferencia a un crítico de un periodista cultural?

Hay periodistas que son críticos y hay críticos que no son periodistas. Yo aclaro, cada vez que alguien me nombra así, que no soy periodista. No lo soy por formación ni tampoco por intereses. Es decir, no me interesa particularmente ni la información ni la actualidad, aunque a veces haga, como digo, “ejercicio ilegal del periodismo” con alguna entrevista que esporádicamente pueda llegar a realizar porque me interesa algún autor o algún tema en especial. Creo que el periodismo está ligado a cierta inmediatez, a cierta rapidez en las entregas de notas (a la que algunos críticos en ocasiones deben someterse) para las que no estoy preparada. Hay algo de la reflexión de la crítica que supone tiempo. Uno puede estar semanas dándole vueltas a una obra, buscando una hipótesis de lectura. Esa cadencia el periodismo no lo permite porque debe informar sobre sucesos de actualidad, debe difundir también. No creo que esas sean funciones constitutivas de la crítica, aunque aparecen de soslayo en su actividad, más ligada a la exposición de un punto de vista para la reflexión sobre un hecho teatral.

¿Puede un crítico ser además un artista?

Sí, puede. Si “debe” hacerlo no sabría qué responder. No lo sé. No soy artista ni quiero serlo aunque exista ese mito infundado de que los críticos son “artistas frustrados”, una pavada que surge sobre todo cuando un crítico hace un comentario negativo.

Se puede pensar, además, en la escritura del crítico como lindera del arte. Me gusta pensar en las buenas escrituras, en algunas escrituras con pinceladas poéticas pero que no pierdan su poder de análisis. Algunos críticos, a veces, pueden darse esa licencia.

¿Existe una nueva generación de críticos de teatro en Argentina? En caso que existen ¿En qué medios circulan?

Hay mucha gente escribiendo, de todas las edades. Es muy difícil saber si algunos de ellos conforman una nueva generación y si tienen características comunes. Hay de todo. La gran proliferación de publicaciones virtuales y de blogs permitió que mucha gente encuentre su lugar dentro de la crítica, lugares que en los medios masivos de comunicación se van perdiendo cada vez más. Hay gente que trabaja seriamente y mucho “chanta”. Lamentablemente, esos chantas aparecen muchas veces legitimados por agentes de prensa que quieren llevar gente a las obras a toda costa, o por los mismos artistas que se regodean en esos elogios desmesurados que reciben. Por suerte no es una generalidad pero pasa.

¿Cuáles son los lugares de formación de los críticos? ¿Existen por fuera de las instituciones formales?

No existe una escuela que enseñe a vivir ni tampoco de formación de críticos. La formación de los críticos es diversa, algunos, como yo, venimos de Letras, otros de Artes, del periodismo, de Comunicación, etc. Esa multiplicidad me parece muy rica y permite intercambios muy productivos (si estamos dispuestos a hacerlos). Además existen cursos y búsquedas personales que deberíamos estar obligados a hacer. Como decía, la formación del crítico debería ser constante. Su honestidad intelectual le debería permitir decirse “Esto no lo sé”, “Tengo que saber más” y “tengo que ver y analizar todas las obras que me sean posibles”. El crítico debe luchar contra su propio ego para seguir creciendo, no sólo a los artistas les pasa. Nunca debe olvidar que lo más importante son las obras y los artistas y que debe trabajar para dialogar con ellos, no para intentar imponerse.

¿Por qué sos crítico?

¿Por qué no?

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