Sobre tratar a Melina Romero

mr

 

Por Anahí Pérez Pavez

“Hace falta ser idiota, o asquerosamente deshonesto para pensar que una forma de opresión es insoportable y juzgar que la otra está llena de poesía”. Virginie Despentes

 

Melina Romero es una chica de 17 años de Morón cuyo cuerpo continúa desaparecido al día de la fecha. Nos anoticiamos hace una semana que se ausentó de su casa el 24 de agosto y que estaría muerta luego de ser asesinada a golpes por cuatro varones, uno de los cuales se habría auto inculpado por el crimen, aún no resuelto.

Sobre esa desaparición y presunto desenlace fatal se articularon varios textos. Un perfil publicado en la sección policial del diario Clarín del 13 de septiembre fue blanco de críticas. Titulado Una fanática de los boliches, que abandonó la secundaria, en él figuran expresiones tales como “no tiene rumbo”, “le gustan muchos las redes sociales”, “se levantaba todos los días al mediodía”. Asimismo, la Legislatura porteña votó ayer una “declaración de preocupación y repudio por el tratamiento mediático ofensivo y sexista que recibe la joven”.

Hay otros dos textos, de medios digitales, que sobresalieron en la difusión de la noticia en las redes sociales. Uno del portal Notas.org y otro de Cosecha roja. Ambos repudiaron la posición de Clarín al perfilar a la víctima y señalaron la “falta de periodismo” y la “revictimización” producida por el perfil. La figura de femicidio es sentenciada en una de las notas, que, con un determinado recorte editorial, propone “incorporar la perspectiva de género” a la hora de pensar el crimen.

Desde los medios digitales mencionados se resiste y combate la postura del hegemónico con tirada de papel. Una de las cuestiones que se evidencia es la histórica y asimétrica disputa entre los medios hegemónicos y los alternativos, que con esmero y carácter popular/ profesional buscan reivindicar su trabajo y distinguirse de un discurso establecido como “oficial”, el promovido por el diario Clarín. Esa demarcación del discurso hegemónico por la negativa es válida y la aprendemos en la fragua académica todos aquellos que estudiamos Comunicación y pretendemos ejercer la profesión con espíritu crítico. Variables centrales se cruzan en el tratamiento del caso hasta ahora: por un lado, ¿Qué es periodismo y qué no? y, por otro, la creciente emergencia como discurso válido de “la perspectiva de género”.

En Tónica venimos trabajando con el afán de complejizar el debate sobre género y feminismos. Reseñamos a Judith Butler y a Beatriz Preciado, estudiamos textos y entrevistamos cerca de una veintena de intelectuales y artistas en búsqueda de seguir tirando los hilos de una madeja que parece no desenredarse nunca y nos encontramos con la triste noticia de la joven desaparecida y presuntamente asesinada de manera brutal en un contexto no esclarecido.

Algunas de las preguntas a agregar, hasta acá, son ¿Por qué no hay periodismo en el perfil de Clarín? ¿Por qué un periodismo es moralmente más aceptable que otro? Como periodistas buscamos no caer en la ingenuidad de ignorar que cada uno de los textos que elaboramos y lanzamos a la red es un dispositivo poderoso, con más o menos audiencia. Atacar la manera de construir un dispositivo por parte del Goliat del asunto es un paso loable, pero sintomático de una forma de comunicar que inquieta.

En las notas que reclaman “más periodismo” se contrastan emociones con emociones y se señalan tratamientos tendenciosos con tendencias. ¿Es hacer contrahegemonía aseverar que el crimen está esclarecido cuando la víctima aun no aparece y embanderarla de una lucha que ni siquiera sospecha? ¿Es informar conmover movidos por una  moral de signo inverso?

Melina Romero es la víctima. ¿Por qué no leer en el perfil criticable de Clarín la exposición de un problema real? Melina Romero ya era víctima antes de desaparecer porque era una joven expuesta, por su condición de clase y por un contexto familiar hostil, de abandono. Eso puede leerse ahí, más allá del juicio. ¿Por qué no informarse acerca de esa precariedad?

Entonces, además de la moralina pro familia cristiana que parece vislumbrarse en la archiconocida línea editorial de Clarín (afín a sus lectores fieles), que se manifiesta como juzgando la condición de “paria desencajada” de la víctima y de que eso sea reprochable, ¿Por qué no ver el fallido sintomático de oponer morales y apresurarse a los hechos, apartándose de lo real?

¿Qué hay de desvío en Melina además de su negativa a quedarse en la casa en que querían seguir abusándola? ¿Qué hay o no de resistencia en una chica expuesta que sólo sabe arrojar su cuerpo a las redes sociales? ¿Qué hay de malo en reivindicar la importancia de una contención familiar, que no sólo controle sino que cuide y potencie a las personas?

¿Por qué nos sorprende un dispositivo coherente dentro de un medio hegemónico y nos adelantamos a hacer género por la negativa? Seguramente porque nos duele Melina, a los autores de Notas, de Cosecha Roja y a mí. Lo cierto es que no me resulta adecuado adscribirla como representante de un movimiento por el que no se pregunta, cuando ni siquiera aparece. La chica no vino al mundo para ser mártir de una lucha. ¿Por qué podemos tomarla, ponerla y sacarla en nuestros textos? Porque es víctima tanto como puede serlo alguna de sus amigas de Facebook. Le ponen: “el diablo nunca muere, ¿Por qué te llevaron?, ¡Volvé!, ¡Tengamos fe!, ¡Estás viva, no como dice la tele!, ¡Aparece!”. ¿Por qué apurarse a homenajearla?

¿Qué hay en ese mundo en el que creció Melina que está dividido entre bien y mal, entre Dios y Diablo? ¿Fatalidad, incomprensión, ignorancia? Quizá el tipo de ignorancia en que nos sume la muerte y también de la otra, de aquella de quien está desprovisto de recursos para defenderse de los peligros que esperan en la sociedad y para hacerse de las competencias que reclama. Para la que debe preparase una persona, si no quiere terminar sometida.

Acerca de los límites y lo revolucionario de la mirada del padre sobre el niño, dice Virginie Despentes, una autora feminista francesa víctima de violación: “Los padres pueden hacer saber a sus hijas que ellas tienen una existencia propia, fuera del mercado de la seducción, que poseen fuerza física, espíritu emprendedor e independiente y pueden valorarlas por esta fuerza sin miedo a un castigo inmanente.”

Desde Tónica esperamos justicia y paz para Melina Romero.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s