“Me pinto los labios y soy feminista”

Por Leticia Martin

Agustina Paz Frontera nació en Buenos Aires, en 1981. A los 4 años emigró con su familia a Neuquén y a los 17 volvió a su cuidad natal para estudiar Ciencias de la Comunicación, en Universidad de Buenos Aires, carrera de la que es graduada. Es Maestranda en Periodismo documental por la UNTREF y trabaja como periodista audiovisual. Escribe poesía, ensayo y crónica. Es temperamental y discutidora. Publicó los libros Una excursión a los Mapunkies (Pánico el Pánico, 2013) -reeditada en 2014 por Ediciones Con doble z (Neuquén Capital)- y La central del sentir (Editorial Nulú Bonsai, 2014). También participó de la antología del cuento raro (Outsider, 2012) donde -junto a Valeria Tentoni y Lara Segade- publicó el cuento: “Los años perdidos”. Administra el blog: http://paztyche.blogspot.com.ar/

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Fotografía: Florencia Ferri, Río Grande, Neuquén, 2001.

¿Sos feminista?

Sí. ¿Cómo vas a decir que no? Leí varias de estas entrevistas que hacés y noté que muchas mujeres inteligentes, formadas, amables, solidarias y críticas, dicen que no. Yo creo que llega un momento que tenés que reconocer que hay una tradición y una historia que se construyó sin vos pero a la que podés abonar; que incluso te allanó el camino para ser quien sos. Para mí decir que una es feminista es señalar de inmediato una tendencia a la libertad y la ruptura de opresiones arbitrarias. No hay un feminismo verticalista, no lo quiero. Cuando una feminista se pone mandona deja de ser feminista, aunque apoye el aborto libre y denuncie femicidios. Luego, que te digas feminista no quiere decir que sólo pienses el mundo en términos binarios o sólo centrado en los condicionantes de la heteronormatividad y el patriarcado, como una “feminazi”. O, peor, no quiere decir que no te depiles o seas “machona”. Yo no soy totalitaria, me pinto los labios y soy feminista. Además, el feminismo contiene una utopía, no sé quién más que las feministas y los feministas tienen utopías igualitarias y vivas.

¿Qué significa ser feminista para vos?

Forma parte de un conjunto de posiciones en las que mepongo, enmarcadas en el ánimo libertario. Esto es: no abandonar la crítica a lo que estructura arbitrariamente y construir en el lugar de lo criticado una opción que resulte más alegre, más justa, más libre. El género estructura arbitrariamente, crea expectativas y opresiones ficcionales (que luego devienen bien concretas). Ser feminista es una decisión de vida.  Podría asimismo responder que no soy feminista (porque me coloca en una identidad rígida, diría) pero importaría poco, porque es algo que en la práctica no puedo evitar, por más que quiera negarlo desde el discurso. Ser feminista es estar atenta al lugar en el que me pongo y me ponen por haber nacido y vivir como “mujer”. Después viene la pregunta acerca de qué es ser mujer, pero bueno, esa la dejamos para otro día. Podemos discutir qué tipo de feminismo o las pavadas que se dicen en nombre del feminismo, pero cuando las papas queman (y ahora queman), hay que decir algo, si la presidenta te llama por teléfono y te pregunta si sos feminista ¿cómo le vas a decir que no? Le tenés que decir que sí y que apruebe el aborto, punto.

¿Tenemos que tender a la igualdad o a la diversidad?

Me parece que son dos frentes diferenciados. Por un lado, igualdad es igualdad de derechos para todos los seres humanos, sin distinción de ningún tipo. Para eso falta mucho, el gran escollo es que no tengamos derecho a abortar un embarazo, a decidir sobre qué hacer con nuestra vida, con nuestro cuerpo. Por otro lado, la diversidad es una presencia tan fuerte que negarla sería obtuso, la diversidad es la forma que tiene la vida en estos tiempos. Quizás en unos años todo cambie y volvamos a estar cómodos en rótulos cerrados diciendo todo que sí a la religión y al Estado.

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Fotografía: Florencia Ferri, Río Grande, Neuquén, 2001.

¿Qué pensás de las categorías de varón y mujer?

Que funcionan para ordenar, en el sentido de poner orden y dar órdenes. Son disciplinantes. Es difícil aceptarlo cuando una ha estado siempre cómoda con el cuadradito que le ha tocado, soy una chica normal, normada, hétero, ajustada a lo que lo social exigió de mí. Disciplinada. Me violenté alguna vez para poner a prueba si se trataba de una elección voluntaria o de una condena. ¿Cómo saberlo? Como sea, lo más atinado es que podamos ver más allá del deseo personal y considerar a los demás vivientes, amigos, amigas, que no están cómodas o cómodos con el género que les fue atribuido biopolíticamente. Ser solidarias. Me obsesiona últimamente este tema de cuánta libertad pido y cuánta ejerzo: pido locura, orgías, erotismo desmedido, sacrificio, sexo público y pansexualidad, ¿cuánto vivencio de esto?

¿Qué es lo más dificultoso de ser mina?

Yo no me siento “mina”, pero entiendo. El mina no se siente, te lo designan. Lo más difícil es la vulnerabilidad, que somos más vulnerables porque somos menos fuertes físicamente que los varones violentos. Ese miedo primigenio marca después una serie de comportamientos en las rutinas sociales. Muchos tipos intentan pasarte por arriba porque saben que en los bifes, si quieren, te pisan la cabeza (te violan, te matan, te desaparecen) y muchas mujeres también estamos cómodas con ese rol de bobitas linditas, gobernadas. Pasa por una hablarles de igual a igual o someterse a ese miedo. El rol de débil y víctima también es una ficción que podemos deconstruir. Después, todos los prejuicios y malformaciones que quieren imponernos en nuestras identidades femeninas también las sufren los varones, los gays, las tortas, las travestis, etc.: cómo ser, de quién gustar, cómo lucir, qué comprar, qué pensar… Ahí hay un sistema que ordena y formatea a todos por igual, hay una forma correcta de ser gay, de ser una dama, de ser un tipo, de ser torta.

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Fotografía: Florencia Ferri, Río Grande, Neuquén, 2001.

¿Cuál es a tu juicio la forma de violencia hacia el género que habría que atender con más premura?

La prohibición del aborto, es algo que puede hacer YA el Estado.

¿En qué situaciones te sentís cosificada (vos, no otras mujeres)?

Cuando me siento deseada físicamente. La mayoría de las veces eso pasa en un ámbito privado y no me molesta sino lo contrario, yo hago lo mismo, cosificar es la forma de calentarse. Pero por otro lado, está ritualizado el piropo, la grosería, incluso en ámbitos donde prima el compañerismo, como en el trabajo. Eso me pone de muy mal humor. Me acuerdo de un manoseo verbal diario de un personaje puntual, a cada guasada de él yo respondía afeandome y con indiferencia. Hasta que un día, delante de todos (en su mayoría varones trasnochados) le dije que no era ni gracioso ni excitante lo que me hacía. Dejó de hacerlo. Él no me deseaba, ni deseaba mi cuerpo, era el circo lo que le gustaba hacer, la posición de poder en la que quedaba.

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