Franco Vitali: “La discusión de ideas nos conviene siempre”

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Por Anahí Perez Pavez. Fotos: Carmen Herrera.

En el organigrama del Ministerio de Cultura de la Nación, creado en mayo de este año, el Secretario de Políticas Socioculturales, Franco Vitali, aparece en tercer lugar, luego de la Jefa de Gabinete y ex directora de Paka Paka, Verónica Fiorito, y de la ministra Teresa Parodi. Sin embargo, desde los medios opositores, refieren seguido a los movimientos de este cuadro de La Cámpora nacido en 1981, que hasta hace seis meses era el Director de Fortalecimiento de la Democracia, cargo en que lo precedió Andrés Larroque. Lo describen como “el camporista que lleva al Nestornauta a las escuelas” al tiempo que lo llaman “el súper secretario” del área jerarquizada. Entre las iniciativas que de Vitali dependen en este primer semestre de actividad se encuentran los Puntos de Aliento, el programa Ceibo y Ajedrecear, entre otras, todas disponibles y propagadas desde el sitio web de Cultura Nación. Deconstruir su carrera política a partir de una ficha cargada de adjetivos, que van desde su carácter de “hijo de” hasta el cálculo de su patrimonio y dar con la persona, resulta una tarea de contrastes. Franco Vitali se maneja, informal y dispuesto, visiblemente despreocupado por una reputación que acusaría poder. Su discurso redunda en autoafirmaciones que no hacen más que confirmar su compromiso con Cristina Kirchner. Tónica conversó con él sobre su forma de pensar la cultura:

Te llamé “joven funcionario K, abogado” ¿Vos cómo te definirías?

Creo que eso es una forma de ver las cosas desde un prisma que no es el nuestro. Primero soy un militante, un compañero, un padre de familia; después soy un abogado. Prefiero: “militante con responsabilidades de gestión”. Nosotros somos una generación que ya va generando prole y  se va atando a otras generaciones, anteriores y posteriores. A uno le toca determinada responsabilidad y, en definitiva, se pone a disposición de un trabajo colectivo. No para eliminar todo tipo de individualidad como a veces nos critican. Porque nos critican desde dos extremos, por ser una especie de estalinismo fuera de época que eliminamos cualquier individualidad  o  por ser nenes que nos gusta lo relativo a lo yuppie.

¿Cómo surgió en vos la inquietud por la cultura? ¿Hay algo más allá del legado de tu viejo?

Es difícil deslindar una cosa de la otra. Desde que tengo memoria estuve rodeado de gente vinculada a la cultura y eso tiene que ver con el laburo de mis viejos. Los dos trabajaban en la librería Gandhi y ahí había un reducto de izquierda, peronista, que resistía la cultura de los noventa y además se estaba incubando una nueva cultura. Lo  que tenía de bueno la Gandhi era que no era una cultura decadente que recordaba los setenta y nada más, sino que era un puente, estaba germinando algo. Creo que muchas de las cosas que germinaron ahí están viéndose hoy.

¿A qué acepción de cultura adherís y, por ende, promovés?

Hay por lo menos dos visiones. Una es la que la vieja Secretaría de Cultura siempre tuvo, la de la cultura para las elites, que tiene una relación directa entre la belleza y una cuestión socio-económica. Los mejores son los que llegan a los recursos y los que llegan a los recursos son los que mejor hacen las cosas, por lo tanto la cultura la hacen los ricos y no sólo la hacen sino que la valoran mejor. Esa es la visión vieja, opuesta y neoliberal, pero no solamente de los últimos años, sino histórica. Nosotros, desde siempre, apostamos a otra. Entendemos que los pueblos realizan una cultura, un poco producto de las carencias históricas, y eso le da un doble valor porque es una cultura a la que le cuesta todo el doble, pero además le da el sentido de la cultura, que es expresar algo, una protesta o una idea de resistencia. Esa experiencia se transforma en motor de la cultura al expresar algo que modifica las circunstancias, un hecho cultural que transforma la realidad.

¿Cuáles son los puntos fuertes del nuevo Ministerio?

El gobierno nacional tiene como línea rectora de todas sus políticas igualar las oportunidades. En materia cultural eso se traduce en entender que el mercado no es algo que el Estado tenga que reproducir. Justamente, hay algo que el mercado excluye en términos culturales que es lo que el Estado tiene que reforzar. Tiene que tratar de dar herramientas a todos los jóvenes artistas que quizás por no acceder a un instrumento, a un escenario o a un material artístico, no lo transforman en realidad. Dar acceso a la cultura es dar a todos la posibilidad de expresarla, en cantidad y en forma federal, para que en todo el país suceda. Una vez que ponés luz en lugares donde antes había oscuridad, porque el mercado oscurecía, tendés a modificar el valor del mercado actual o el criterio estético en un determinado momento. Teresa Parodi es un ejemplo vivo de eso.

¿Cómo te caen las voces de la crítica hacia la designación de Teresa?

No escuché tantas. No me cabe duda de que las hay pero en algún punto me pone contento porque cuando la  cultura popular estaba negada por el Estado las críticas no se escuchaban, había un dispositivo cultural para silenciar. Ahora que tenemos un gobierno  que nombra a una persona como Teresa está buenísimo que tenga visibilidad toda esa cultura. Está bueno que sigan opinando lo que opinan, a nosotros nos sirve porque muchas de las cosas que hizo este gobierno se han podido aplicar y han podido encarnar en la gente por las críticas que generan. Te motivan a mejorar y a afinar la aplicación de tus políticas. Nos hace reír mucho la crítica de que proponemos un pensamiento único porque a nosotros la discusión de ideas nos conviene siempre.

Entrevisté a otros actores de la cultura que se quejan porque parece que poner el foco en la emergencia cultural los posterga. ¿Qué pensás de eso?

Eso pasa porque hay alguna gente que se creía dueña del país. Pasa también en la economía y en la política. Había una casta de personas que se creían los dueños de la cultura, y bueno, vino Néstor, vino Cristina y atrás vinieron un montón de pibes y personas que defienden un montón de ideas y democratizaron todos esos espacios y los pusieron en discusión. Es probable que algunos se sientan incómodos porque antes eran los dueños de todo y ahora tienen que compartir eso con un montón de gente que estuvo excluida. Nosotros somos democráticos y todas estas discusiones nos las tomamos con humor y nos alientan a seguir. Siempre van a haber tipos que piensen defendiendo su propio interés, desvinculado de la suerte del conjunto.

¿Cuáles son las perspectivas de tu gestión de cara al próximo año de elecciones?

Una misión es seguir estando muy cerca de la gente, en todas las provincias, encontrando nuevas expresiones culturales, apostando a la organización popular. Que cada hecho cultural deje un saldo organizativo. Trabajar con organizaciones sociales, centros vecinales y culturales. La cultura siempre está vinculada a los hechos autogestivos que generan que una comunidad exija y alrededor del eso surgen un montón de cosas. Sobre todo queremos que la juventud se exprese. Sabemos que todavía existe un monopolio mediático que se resiste a cumplir la ley de medios y un grupo económico, Clarín, que coordina y conduce al conjunto de poderes económicos y concentrados del país. Entonces, todavía existe una situación de concentración de voces y tenemos la obligación como Estado de seguir generando nuevos canales. Apostamos fuerte a eso porque también confiamos en que las nuevas generaciones expresen lo que vivieron estos diez años.

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¿Cuál es el modelo de intelectual que proponen? ¿Qué pensaste cuando se criticó la designación de Ricardo Forster, aún desde el progresismo?

A mí me hizo reír que una serie de actores se pusiera automáticamente del lado del pensamiento antinacional, porque, si existe un pensamiento nacional, es algo a construir, totalmente discutible. Justamente la propuesta de que esté en una Secretaría es que todos discutamos qué es el pensamiento nacional, qué es la nación y entonces veamos cómo se defiende. Lo gracioso fue ver a todos estos, que siempre son los mismos paparulos, que critican todo. Se pusieron a discutir tipo “me dejaron afuera del pensamiento nacional”, cuando justamente la idea es discutir.

Capáz tiene que ver con la idea de que el intelectual, por su función crítica, tiene que estar y ser independiente del Estado y del mercado. Quizá eso  no te parece y tenés la idea de un intelectual comprometido.

Sí, pero nosotros no somos dogmáticos. Todos los pensamientos que sean interesantes hay que escucharlos y ponerlos en discusión. Lo importante son las ideas fuertes que van quedando impregnadas en el pueblo. Para eso todos los intelectuales van abonando con libros, ideas novedosas, comparaciones, traducciones de ideas de afuera o exportan ideas nuestras. Yo creo, en ese sentido, que no hubo un momento más revuelto y productivo en ideas que estos diez años. Hay cuatro o cinco ideas fuerza que han quedado tatuadas en el pueblo. No sé si es por un intelectual, dos intelectuales o mil intelectuales, pero han quedado. Yo creo que tiene que ver con la decisión política de Néstor, de Cristina y del pueblo, de dar determinadas discusiones con coraje. La idea de que el Estado tiene que intervenir en la desigualdad es una idea fuerte. Creo que avanzamos muchísimo en eso porque durante mucho tiempo dijeron que el Estado tenía que retirarse, dejar todo en manos del mercado. Es una gran discusión política que creo que ganamos, que el Estado tenga que intervenir para eliminar las desigualdades. Otra idea es la de que hay cosas que se defienden con coraje, que la política tiene que tener coraje. Antes estábamos acostumbrados a que la política era cosa de tipos asépticos, técnicos, que lo que tenían que saber hacer bien era atarse el nudo de la corbata, ser amables y hablar dos o tres idiomas, y no. Néstor demostró que cuando uno está convencido de algo hay que poner el cuerpo y bancar decisiones a pesar de que haya gente que no te va a tratar bien. En el plano intelectual no sé cuántos tipos logran hacer eso.

Quizá la intelectualidad está más acostumbrada al gesto crítico como una primera reacción. ¿Están abiertos los espacios? ¿Lo del Ministerio de Cultura es una invitación?

Durante años Latinoamérica fue un lugar que recibía las ideas vanguardistas de Europa y las adaptaba a su propia realidad. Así fue que el Mayo Francés generó el Cordobazo, así pasó con todo. Todos los fenómenos políticos que se desarrollaban en Europa después llegaban acá con las particularidades nuestras. Incluso a veces mejoradas por nosotros, pero siempre veníamos después. Ha cambiado la época, estamos en el medio de dos épocas que no terminamos de ver pero tenemos la posibilidad y la oportunidad histórica de ser el continente en donde se están produciendo los hechos más interesantes a nivel global. Lo que pasa en Venezuela, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador y acá, son cosas que todavía en Europa no entienden. Esto no es algo que repite algo de allá. Es algo que, en algunos años, van a empezar a repetir allá.

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Ojalá que suceda ese movimiento y no nos lleguen repercusiones de una Europa que se derechiza.

En Europa todavía están viviendo lo que nosotros ya vivimos hace diez años. Están haciendo el ajuste que nunca hicieron porque en los noventa, mientras a nosotros nos obligaban a ajustarnos, ellos seguían con Estado de Bienestar. Culturalmente también están bastante en decadencia. No producen ningún intelectual nuevo, revolucionario, original. No producen ningún fenómeno político y cultural nuevo de envergadura como antes, que uno admiraba mucho a Europa. Ahí sí invito. El Ministerio y el gobierno promueven la discusión política para que surjan tipos, pensadores, escritores, que den cuenta de esto para profundizarlo, para exportarlo.

¿Qué opinás de los artículos que hablan de La Cámpora y “el reciclaje K” y te presentan a vos como quien mueve los hilos detrás de Teres Parodi?

¿Eso dicen? Realmente no nos importa lo que digan algunos diarios de nosotros porque estamos muy convencidos de lo que pensamos como para que una mentira tan burda nos desestabilice. Y tampoco podemos andar perdiendo tiempo, valioso, en contestar algo. En definitiva, no estamos en política para contestar lo que alguien dice que somos; estamos en política para cambiar lo que estos mismos tipos hicieron. Y lo que hicieron fue nefasto para muchísima gente que la estuvo pasando mal durante mucho tiempo.

¿Tu candidato para el 2015?

Falta un montón. Me llama la atención tener que dar por sentado que la discusión que hay que tener es esa cuando falta tanto tiempo y nosotros tenemos tanta responsabilidad. En ninguna elección presidencial, desde que tengo memoria, se discutieron los candidatos con tanta anticipación. Es una necesidad de la oposición. Primero, porque tienen bastante tiempo libre y después, porque no pueden encontrar a alguien que genere en la sociedad un poco de confianza. Nadie pasa del 10% o 20%, según la encuesta y a ver quién la paga. Uno se pone a pensar: cuando tu presidenta viene de hacer una recorrida que pasó por lo del Papa, después por la ONU y todo el mundo está discutiendo que nosotros somos el ejemplo de dignidad, de nuevas ideas, de nuevos replanteos mundiales y venir acá y tener que discutir lo que plantea Magnetto, a ver si el candidato mío es Massa o el otro, a ver quién me promete más o quién le promete más a los empresarios; quién miente más con tanto tiempo de anticipación, la verdad, me parecen dos mundos diferentes. Ya vendrán tiempos de discutir eso. A nosotros siempre nos interesó, por eso hicimos una reforma política, para democratizar las listas, para que no queden en camarillas partidarias, para que las PASO definan todo eso.

¿Una cosa es lo que ejercés desde el cargo y otra serán los debates que podés fogonear hacia dentro de la organización?

La discusión política siempre es divertida y enriquece,  sino no estás haciendo nada, pero esto me suena muy desubicado. Es como discutir a cuatro días del Boca-River o la Libertadores del `97. No entiendo.

Yo te tengo que preguntar.

Te entiendo y creo que eso tiene que ver con el poder que tienen todavía de instalar temas más allá del sentido propio, de cada uno. Después uno termina opinando cosas que no es lo que opinaría si no fuera  porque “hay que hablar de esto”. ¿Por qué hablar de esto? Si Néstor hubiese hablado de lo que le decían los mismos tipos que hoy nos dicen que tenemos que hablar de esto y no de lo que él quería, no hubiésemos hecho nada. Es como lo de las encuestas, si primero tenés que preguntar a las encuestas a ver qué hay que hacer, no terminás haciendo nada, o por lo menos, nada transformador.

Como en la vida, si uno anda preguntando todo el tiempo, pidiendo permiso para actuar, no hacés nada de vos mismo.

Claro, más vale pedir perdón que pedir permiso.

¿Cómo te imaginás después de 2015?

Me imagino militando y buscando nuevas formas para seguir haciendo lo mismo. Soy muy optimista. El escenario de 2015 es algo que no pasó nunca.

¿Tus ideales, en tres palabras?

La felicidad del pueblo. Cuatro. (Risas).

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