Cómete a ti mismo, de Nicolás Méndez

cómete

Por Anahí Pérez Pavez

Nicolás Méndez (1972) es un músico argentino, actual baterista de Virus y Cómete a ti mismo es su obra ganadora del primer Premio Equis de novela, co-creado por las editoriales bolivianas El cuervo, Specimens-mag.com y Suburbano. El 6 de octubre el jurado integrado por los escritores Claudia Apablaza, Pedro Medina León, Fernando Barrientos y Salvador Luis otorgó la distinción y hacia fines del mes presentaron el libro en Buenos Aires. En su formato rústica, colores vivaces y diseño atractivo remiten a cierta estética pop que mucho dice acerca del contenido.

En la portada, una mano abierta saliendo de una banana parece tender a la interpretación de contratapa que indica que en sus páginas aparecerán motivos fálicos. Aunque es cierto que en esta suerte de autobiografía ficcionalizada hay momentos en que el protagonista refiere de manera concreta y realista a su pija, es posible disentir y experimentar la novela como manifiesto de cierta fijación anal.

La razón de estas líneas no es debatir diagnósticos para los que nadie ha sido convocado sino señalar una experiencia de lectura. Cómete a ti mismo se estructura en apartados, desde el año de nacimiento de quien narra en primera persona, 1972, hasta 1995. Ese Yo, que nombra a familiares, compañeros y amigos y olvida u omite nombrarse, es un muchacho cuya subjetividad hace constantes referencias escatológicas. Infancia y adolescencia de un chico de clase media alta, ensimismado y neurótico, que como buen obsesivo de ambivalencias anales habla, por ejemplo, de sus pedos y del placer que le genera cagar.

Dijo Freud que “entre los complejos del amor al dinero y la defecación, aparentemente tan dispares, podemos descubrir múltiples relaciones” y que en mitos arcaicos “aparece el dinero estrechamente relacionado con la inmundicia. El oro que el diablo regala a sus protegidos se transforma luego en estiércol. Y el diablo no es sino la personificación de la vida instintiva reprimida e inconsciente, la superstición que relaciona el descubrimiento de tesoros ocultos con la defecación”.

¿Por qué traer esto? Porque Cómete a ti mismo es, por momentos y literalmente, asquerosa y sucia. Tan asquerosa y sucia como puede ser cualquier adolescente desordenado o pibe que no sabe lavarse. ¿Por qué insistir con la analogía freudiana? Porque lo que escribió Sigmund es rico a la hora de leer a Nicolás Méndez. En su novela, el músico, no sólo es un joven que se va abriendo a la vida y a sus experiencias primeras sino que es alguien con determinaciones mentales muy concretas que se resiste mucho a que “el mundo” y “la sociedad” destruyan “sus principios” y se rebela a la visión avara y ambiciosa de su contexto de oropel.

Los familiares y contactos de cuna, en la novela, sólo piensan en cosas que “cuestan una fortuna” y en “todo lo que se conecte de algún modo con la guita”. Él, sin embargo, hace extensas listas de todo aquello a lo que renuncia de la vida consumista que desprecia. En 1995 se lee: “No uso desodorante- No me peino nunca- No manejo- No uso pasta dentrífica- No tengo cuenta en el banco ni uso billetera- Mi ropa no tiene marcas ni inscripciones”.

Muchos podrían identificarse con ese chico que casi se come a sí mismo y lo propone como filosofía de vida. Un músico y periodista, muy tímido con las chicas -¿Cómo ver ahí lo fálico en alguien que pasados los veinte no supo cómo ponerla?- que en momentos resulta un pata sucia bastante huevón y en otros, un tierno incomprendido.

Dos puntos levantan mucho esta novela fresca, coloquial y de ágil lectura: el afán protagonista de realizar gastos improductivos y su similitud con el personaje principal de La conjura de los necios. Nicolás Méndez parece inspirado en Ignatius J. Reilly. Incluso encuentra su Myrna Minkoff, en versión suicida. En Cómete a ti mismo hay una pareja de enamorados de la pulsión de muerte, una juventud que resiste la década del noventa, desde el heavy metal, la depresión y la abulia.

“El gesto de volver la espalda al adversario y mostrarle el trasero desnudo es también un acto de desafío y desprecio” dijo Sigmund Freud en El carácter y el erotismo anal. El Ignatius Méndez carga con sus notas y rellena año a año su odio a cierta cosmovisión. Milita su necedad y la retiene hasta expulsarla. Se tacha de la lista de los aficionados al neoliberalismo y aunque es consciente de que la renuncia al capital no puede ser total, se empeña en mostrarle el culo.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s